Rebrotando

Publicado en Diario de Noticias de Álava el 16 de septiembre de 2020

Es curioso. Parece que no hace ni tres meses que empezábamos el verano y aquí estamos, en Vitoria y a mediados de septiembre. Txankletas, visera y pantalón corto; la rebequita en el armario y las moscas cayendo como tales. Los árboles locos, los jardines secos y las castañas, como las moscas, cayendo sin saber muy bien ni por qué ni por cuándo. En algún rincón los operarios reconvierten los carritos para asarlas en frigoríficos para vender helados y las flores se preguntan si vamos para el otoño o es tiempo de ir rebrotando. Rebrotan el virus y los tertulianos y quien más quien menos huye de los telediarios como un vitoriano de las aceras sin sombra y las plazas sin refugio en que evitar el mazazo inmisericorde del Lorenzo. Rebrotamos también los columnistas después de un verano agazapados y volvemos por donde solíamos más o menos renovados pero no necesariamente ni mejores ni más buenos. Eso sí, con nuevas intenciones, ya sean buenas o malas, o con las mismas de cada año, que doce meses dan para olvidar las del curso pasado. Es algo que hacemos el común de los mortales, sobre todo en septiembre y en enero. Compramos algún coleccionable, nos apuntamos a hacer algo y hablamos de dejar algo. Yo por ejemplo voy a ver si consigo dejar de hablar del virus aunque sea una vez a la semana, concretamente esta en la que escribo. Y puestos a elegir entre renovarse o morir, hasta la imagen me he cambiado, que había quien decía que no se me reconocía, cosa que por otra parte no siempre viene mal. Y que mejor imagen para un reinicio, que un retrato, y que mejor estampa que la que me ha dedicado un gran artista y mejor persona, Juan Pablo Álvarez. Vaya por él este rebrote literario. Yo me quedo aquí sentado en la terraza, armado de abanico y pantalón corto estudiando qué es aquello que se ve más allá del territorio coronado para irlo contando.

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