Modelos

Publicado en Diario de Noticias de Álava el miércoles 10 de junio de 2020

Antes de que todo esto empezase andábamos a vueltas con la Europa despoblada. Cuando todo esto empezó, los urbanitas nos confinamos por necesidad y a los aldeanos les confinamos por solidaridad. Cualquier otra razón no se comprende. Nos pasamos semanas aplaudiendo en los balcones y prometiéndonos aprender y ser mejores mientras ellos, en mitad de la nada, no podían salir de sus habitaciones. En más de un pueblo no había vecino a quien ver desde el balcón. Ahora va terminando la cosa y la situación va a mejor; para nosotros. Ya podemos salir a mancharles los montes, robarles las setas y pisarles los sembrados. Y ellos ahí, solidarios forzados. Por fin pueden salir a recoger las latas que dejamos y a volver a llevar las vacas al redil que olvidamos cerrar. Antes, durante y después, decimos que el asunto de la despoblación se puede corregir; y claro que es posible, pero no así. Porque uno entiende que aquí dialogan dos modelos de vivir, cada uno con sus cosas. Y querer convertir el medio rural en un medio urbano menos denso es no entender nada. Y de eso sabemos mucho, de lo de no entender nada. Sólo así se explica que impongamos a núcleos de cuatro o cinco vecinos la misma norma que a una ciudad que ronda las 300.000 almas. Que lo que aquí vale es innecesario allá, y viceversa. Que el territorio no es un parque urbano, tiene sus habitantes y sus normas, para lo bueno y para lo malo. Que cuando mandamos a la policía a un pueblo de cuatro vecinos para recordar por megafonía la prohibición de salir, porque hay un virus que se contagia en las multitudes, estamos haciendo el borono, sin más, igual que cuando por fin dejamos salir a los urbanos lo que hacemos es un atropello. Que cada cual elija su modelo, pero sabiendo que elegir es optar, no hacer lo mismo de siempre en otro lugar ignorando lo que supone adaptarse y cambiar.

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