Ruido

Publicado en Diario de Noticias de Álava el miércoles 27 de mayo de 2020

Hay que ver como somos. Tres días de fase dos y es un poco como cuando vuelven las criaturas de su primer campamento de verano: quince días echándoles de menos y en quince minutos hasta los huevos y buscando unas colonias para el resto del estío. Al silencio heroico de aquellos primeros días le ha salido un grano que crece y crece cada día. Son los bulos, las mentiras, los sagaces tertulianos descubriendo contubernios, el foro público convertido en cotolengo, y nuestros líderes empeñados en hacer cierto aquello de que “estaba el mundo al borde del abismo, pero llegamos nosotros, tomamos impulso y dimos un paso al frente”. No sé si esto es la normalidad que ha venido a quedarse. Ignoro si en su concreción somos más víctimas o culpables, pero tengo la impresión de que siguiendo con el símil del grano, o ponemos un remedio o cuando esto madure la erupción va a ser inevitable. Miedo da asomarse a los informativos, o lo que sean. Y no por lo que hasta hace unas semanas nos daba pánico. Hemos pasado de temer a lo desconocido a vivir sobrecogidos por un pasado que ingenuamente creímos superado. Y para poner el panorama más negro, si somos responsables y juiciosos, nos vemos abocados a pasar esta pandemia de sinsentidos quietos, callados y aislados. Frente a los desmanes de los ruidosos de todo pelo y condición, parece que la única respuesta posible es el silencio, pero claro, es difícil persistir en el reposo cuando se está rodeado de raposos y de hienas. Es complejo. Nos queda, eso sí, la esperanza de que haya a quien el grano le reviente en la cara y le rebote en el espejo. Y el resto, mientras tanto, aplicando el mejor y único antídoto contra la anormalidad imperante: vivir sin aspavientos el día a día con nuestra buena gente, que aunque agazapados, tenemos la obligación de reclamar nuestro papel de mayoría emergente.

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