Evocador

Publicado en Diario de Noticias de Álava el miércoles 19 de febrero de 2020

Si hay una palabra que resuma lo que pude ver el sábado pasado en el barrio en el que vivo esa es: evocador. Lo fue ver pasar esos convoyes abarrotados por fieles de lo gratis, mirando asombrados el barrio por el que parecían no haber pasado nunca y por el que probablemente tampoco vuelvan hasta el siguiente gratis total. Me trajo a la memoria esas colas al sol de agosto para coger las flores de la Virgen Blanca antes de la bajada del Celedón. O esos momentos croqueta, con bares abarrotados en su apertura por todos aquellos que nunca volverán.

Pero además de lo gratis, recordé esa fascinación tan local por lo nuevo. Aquellas incursiones en nuevos comercios, ya desaparecidos, como Jaun, Woolworth y hasta en la nueva plaza de abastos, no para comprar, sino para montar en las escaleras mecánicas que hasta entonces sólo veíamos cuando íbamos a Bilbao al Corte Inglés. Aquellas excursiones en familia para pasar con el coche sobre el excalectric del Alas, o por las hojas del trébol del puente del seminario sobre la vieja circunvalación.

Y puestos a evocar, más allá y más acá del sábado, fue bonito recordar esas prisas por dejarlo todo bonito aún a costa de hacer cosas para deshacerlas luego. La inauguración de Dendaraba, con el lago que encharcaba el garaje y que, tras apañar como se pudo para la foto, hubo que rehacer a tienda abierta. O la grúa que coronaba el Europa, que hubo que desmontar para poner la alfombra roja y luego volver a montar para rematar la obra.

Ya, ya sé que esto no sólo ocurre en Vitoria, que en todos los sitios cuecen habas, pero eso sí, aquí a calderadas. Lo extraordinario, gratis y nuevo se vuelve diario, cuesta y es de toda la vida. Pasan los fastos, se van las multitudes, y al poco nadie recuerda los discursos que se dieron, ni los que no se pudieron dar, los acallan el ruido de las obras y otros más.

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