Belloteros

Publicado en Diario de Noticias de Álava el miércoles 15 de enero de 2020

Iba el otro día de recados por ahí cuando observé sobre el suelo así como bolitas de esas que, desde lejos y con la vista que dan los años, me llegaron incluso a parecer lo que de niños llamábamos “cagolitas”. Pero no. Eran bellotas, y muchas, tiradas por el suelo al pie de las encinas que pueblan las aceras de algunas de nuestras calles. Lo primero que me vino a la mente es que lo mismo somos más belloteros que babazorros. Pero en seguida me centré de nuevo en mis recados: coger boletos para la rifa de San Antón. Rifa curiosa. De las pocas, si no la única, en la que todo el mundo aspira más al segundo que al primer premio. Cuando era pequeño se iba en familia a ver al cerdito, que antaño era un genuino cerdo alavés, un chato. Pero eso quedó atrás. El chato ya no existe y, sea el cerdo de donde sea, eso de exponerlo es humillante para el pobre animal. Ahora se la da matarile en la intimidad y el agraciado se lo lleva loncheado, embuchado y envasado al vacío. De aquí a unos años se lo llevará en papel de estraza, que lo del plástico hace mucho daño. La cosa es que según volví a pisar las bellotas que adornaban las baldosas, caí en la cuenta de que lo mismo podíamos cerrar el círculo. Se contrata a un criador, se le adjudican las bellotas vitorianas y se le invita a que las recoja y cebe con ellas al buen gorrino para, con la preparación psicológica suficiente, convertirlo discretamente en lonchas y embutidos varios, y así matamos varios pájaros de un tiro, si se me disculpa la expresión. Potenciamos el sector agrario alavés, limpiamos las calles y sorteamos un producto de calidad y además kilómetro cero. Todo muy green. En fin, que hay que ver lo que dan de sí unas bellotas tiradas por el suelo. Eso sí, yo voy a por mis boletos y a ver si me toca el cerdo, aunque sea ensobrado, y si no es así, buen provecho a quien le toque.

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