Faltan madres

Publicado en Diario de Noticias de Álava el miércoles 28 de noviembre de 2018

Enseguida llegará la Navidad, época proclive a la evocación. Yo por ejemplo me acuerdo de aquellas jornadas de vacaciones de invierno en que no se podía salir de casa. Todo el día para jugar. Uno abría el armario, se tiraba en plancha a por el Exin Castillos, le daba vuelta a la caja y se hacía constructor. Pasaba un rato y al final te aburrías o se acababan las piezas, así que, ¡ala! a por el mecano para jugar a ser ingeniero, y cuando estabas ya a punto de darle vuelta a la caja una voz, zapatilla en mano, recitaba tras de ti aquello de: “no se saca una cosa hasta que no se recoge la otra”. Y uno se ponía a recoger de mala gana, mirando de reojo el mecano aquel de marras que más tarde tocaría a su vez recoger antes de sacar el tren eléctrico o lo que se terciase. Cambiaban los juguetes pero entre juego y juego siempre había una madre para poner orden y evitar que el cuarto de jugar se convirtiese en una superficie impracticable llena de juguetes a medio montar. ¡Aquellas madres!

Es lo que me decía el otro día una vecina del barrio según salí a la calle o a lo que va quedando de ella: “en esta ciudad sobran ingenieros y faltan madres”. Y lo cierto es que viendo el panorama razón no le falta. Aquí los ingenieros han sacado todos sus juguetes y se han puesto a jugar sin recoger nada. Y entre colectores, vías y otras artes tenemos todo a medio hacer, y todo roto, y los tubos por aquí, la arena por allí y las excavadoras y demás juguetes dando vueltas como pollos sin cabeza. Y sé que habrá quien me diga que tiene que ser así, pero seguro que es un ingeniero. Una madre, zapatilla en mano, hubiese organizado esto mucho mejor, por lo menos de cara a tener el cuarto usable y presentable, porque en el fondo, el problema es ese, que reducir las molestias al vecindario no parece ser un factor a la hora de planificar nuestras obras.

 

 

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