Despertares

Publicado en Diario de Noticias de Álava el 14 de octubre de 2014

La infancia es ese estado somnoliento y ensoñado del que uno acaba despertando a base de bofetones. Es la era de las preguntas ingenuas que son, al fin y al cabo, las bien intencionadas y las vitalmente incorrectas. Crecemos según nos vamos viendo tontos por preguntar lo evidente y vamos aprendiendo a evitar aquellas preguntas de la infancia limitándonos a hacer tan solo las correctas políticamente.

Digo esto porque, hablando de preguntas, alguno se estará preguntando que a ver a qué viene todo esto, y asumiendo que la pregunta no es retórica ni incorrecta sino honesta y bien intencionada pues voy a tratar de darle respuesta.

¿Quién no ha preguntado alguna vez aquello de “por qué el padre de fulanito cobra más que tú”? ¿Quién no ha dicho un “ahhhh” de boca abierta y ojos crédulos al recibir una respuesta del tipo “es que él tiene más responsabilidades y yo me limito a poner clavos”, o esa otra de “es que él tiene estudios y yo no pasé de primaria” o la ya definitiva de “es que él es el jefe”? Y se hacía el silencio y uno se quedaba reflexionando sobre lo fácil que son de entender las cosas tan lógicas del mundo de los mayores. Hasta que un día uno despierta convertido en un adulto y resulta que lo ingenuo no era la pregunta sino la respuesta. Y se da cuenta de cómo han cambiado las cosas, en parte. Porque hoy el jefe sigue cobrando mucho más, pero ya no tiene responsabilidades y a veces ni siquiera estudios. De la santísima trinidad de motivos del “yo cobro más” ya sólo queda el tercero: soy el jefe y punto. Y el tren lo estrella el maquinista, el ébola lo contagia la enfermera, las obras, ya sean estaciones, avenidas o chapucillas varias las retrasa el albañil y la hacienda la hunde el que cobra la RGI. Y mientras tanto todos dormidos, unos en los laureles que les pagamos y otros en las miserias con que se los cobramos.

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