La mejor recreación

Este fin de semana ha vivido Vitoria una jornada de recreación histórica. Hace doscientos años y uno mas, un fin de semana menos que este ocurrió en los alrededores de Vitoria un hecho singular de trascendencia continental. En apenas unos días llegaron a nuestra tierra hombres de todos los rincones del mundo conocido por entonces. Vinieron con sus uniformes, sus pertrechos y su hambre. Eran polacos, ingleses, franceses, alemanes, italianos, escoceses y hasta incluso españoles. También los brigantes locales se apuntaron. Y que no decir de las autoridades. Las unas habían permanecido fieles al invasor y las otras al otro invasor, pero en un rasgo muy alavés, uno con cada uno y la familia siempre palante. Todo sea por el solar y la hacienda.

Los hombres venidos se pelearon, no sin antes comer y después cenar. Pero no traían comida, así que hubo que darles de comer, a ellos y a sus caballos. Los hombres venidos se mataron, poco, se robaron entre ellos lo que antes nos habían robado, y una vez que hubieron terminado de matarse y robarse mutuamente se fueron como habían llegado, buscando otros sitios donde robarse y matarse mientras robaban y mataban para seguirse combatiendo. Los hombres idos y venidos se llevaron sus medallas, sus banderas y sus estandartes, y los que les recibieron y les despidieron se pusieron igualmente las suyas y se quedaron con la parte correspondiente de los botines que transitaron por delante de sus manos.

Bueno, pues algo parecido ha ocurrido doscientos años más tarde. Soldados recreados han venido de todos los confines del continente, desde Lerma hasta las highlands, se han puesto medallas de juguete, se han disparado disparos de fogueo, se han matado jugando y se han ido como vinieron no sin antes honrar y saludar debidamente a las autoridades locales y hasta ofrecerles banderas, parabienes y medallas. Y aquí nos hemos quedado como entonces, el pueblo llano, recogiendo los escombros y pagando discretamente las facturas.

Así no le veo mucho futuro a este evento. No es participativo. Es más bien como si alguno pensase que participar es identificar las cosas con una parte e ignorar al resto, y eso lo que garantiza es que las cosas se acaban cuando uno abandona el puesto de mando. Es lo que tiene la alternancia democrática, que en cuanto no estén estos vendrán otros y se pondrán sus propias medallas con sus propias batallas, y nosotros seguiremos simplemente pagando las facturas.

 

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