Cohabitar para convivir

Publicado en Diario de Noticias de Álava el 3 de diciembre de 2013

Se nos llena la boca hablando de convivencia y a veces no somos capaces ni de andar sin tropezarnos hasta con nosotros mismos. Hablamos de leyes de educación y nos olvidamos de las normas de educación. Confundimos educar con capacitar y olvidamos que para convivir primero hay que cohabitar.

No se trata de esconder el gris del asfalto bajo pinturas que nos indiquen quién va por dónde. Ni de decir por donde puede o no andarse, ciclarse, automovilizarse o incluso teletransportarse. No se trata de agotar bosques y bosques con papel para imprimir ordenanzas. Sobre ruidos, sobre perros, sobre bicis, sobre menores y mayores, sobre parques y jardines, sobre usos y abusos. Es todo más sencillo. Tan sencillo como quitar la capa de caspa que cubre algo tan útil como la buena educación y reclamarla como algo socialmente útil, y enseñarla y trasmitirla.

No se trata de volver a ver a nuestros niños avanzar en filas por los patios de sus colegios camino del aula, pero si de enseñarles que, cuando van en una excursión o visita guiada, hay que pensar en el que viene de frente y no expulsarle de la acera. No se trata de imponer el silencio a golpe de regla en los dedos, pero si de enseñar que nuestros gritos pueden resultar molestos para otros. No se trata de poner multas, sino de abrir los ojos y pensar que tú puedes ser el que tienes enfrente.

Convivir es aprender a habitar juntos el mismo paisaje, y una convivencia pacífica se sustenta en vivir sin invadirnos, y, en caso de hacerlo, que sea con resultado de sonrisa, no de incordio. La buena educación es ecológica, ahorra mucho papel en normas, en denuncias y en actas del juzgado, y eso por no hablar del gasto farmacéutico que evita en antidepresivos, tranquilizantes y dopantes varios. Cohabitar armónicamente con el mundo, con los demás y hasta con uno mismo es vital para la buena convivencia.

 

 

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