La conjura del purito

Publicado en Diario Noticias de Álava el 5 de marzo de 2013

Después de sesudos estudios, profundas reflexiones y análisis complejos he llegado a una conclusión con la que a buen seguro coincidirán muchos exfumadores vocacionales y frustrados: hasta que no prohíban a los bares vender puritos sueltos aquí no deja de fumar ni dios. Y es que me he dado cuenta de que es un proceso que repetimos muchas veces cada uno de los muchos fumadores arrepentidos. Tomamos la decisión y damos el paso fundamental: dejar de comprar paquetes de cigarrillos. Como somos partidarios de la medicina natural, eso de los parches y las pastillas no nos va, y cuando por fin nos vemos incapaces de controlar la ansiedad, el mal humor y todas esas cosas nos decimos convencidos: bueno, pues total un purito y ya está. No compramos una caja de puritos, no. Compramos un purito en el bar porque nos parece un hecho más aislado, más ocasional. No nos parece casi ni pecado. El caso es que pasado cierto tiempo ya no es un purito sino varios, y así hasta que finalmente fumamos más puritos que antes cigarros y, tras analizar el coste financiero de la operación, un día damos el paso y zas: compramos de nuevo un paquete de tabaco.

He hablado del particular con varios hosteleros y ellos me lo niegan, pero como soy un poco consparanoico estoy convencido de que detrás de todo esto del purito hay una conjura. Las grandes compañías tabaqueras se han confabulado para que nunca dejemos de fumar, los puritos son su arma y los bares sus colaboradores necesarios, aunque ellos no lo sepan. Estoy de hecho planteándome una campaña al respecto. Buscar informes en los archivos secretos del Vaticano o en WikiLeaks, hablar con nuestro paisano Iker Jimenez y cosas así.

He hablado de ello con conocidos y amigos y la verdad es que estoy un poco confuso porque la gran mayoría de ellos lo que me ha recomendado es… que me compre un paquete de tabaco.

 

Leave a Comment

Límite de tiempo se agote. Por favor, recargar el CAPTCHA por favor.