Aitakidetza

Publicado en Diario de Noticias de ílava el 26 de junio de 2012

Hace años se decí­a en plan de broma que uno era empleado del Inem. Es más hasta se añadí­a con sorna que era la empresa más grande del reino. Ahora le han cambiado el nombre y se llama Lanbide, aunque no se entienda muy bien por qué. Ser socio de Lanbide no es, desde luego, algo que te ponga camino del trabajo, sino más bien lo contrario. Tampoco es que te garantice rentas, ingresos ni sustentos, salvo que te dediques a vender puestos en la cola, que también es una forma de aplicar la innovación a la búsqueda activa de empleo. Lo que si que no puede negar nadie es que es, en efecto, la empresa más grande del reino y que además sigue creciendo. Lo mismo da que ahora funcione en régimen de franquicia. Sumados todos los asociados vamos camino de pasar de seis millones. Y claro, un ejército tan grande es difí­cil de mantener. Así­ que al final, la mutua que realmente funciona, la que nos saca las castañas del fuego, la que hace posible que la vida siga, la que hace que haya cierta paz social en tiempos tan duros como los que vivimos y a la que estamos muchos apuntados y otros tantos en camino no es otra que “Aitakidetza”. Treintañeros, cuarentones y hasta cincuentones volvemos a casa aunque no sea navidad y dependemos del auxilio paterno para cubrir nuestros gastos y los de sus nietos. Las pensiones se estiran hasta el infinito y tapan las grietas y agujeros que abrieron las hipotecas esas que con tanta alegrí­a nos concedieron no hace tanto aunque visto desde hoy parce que fuese no ya otro tiempo, sino hasta otra vida.

Algunos además, y puestos a retroceder en el tiempo, hemos vuelto a la universidad. No a las aulas, sino al comedor. No es un cinco tenedores pero queda más honorable dejarse ver por ahí­ que por el de las Desamparadas. Y allí­ que nos vemos a diario muchos “estudiantes” del barrio que hemos convertido el viejo cuartel en nuestro peculiar y universal comedor social. Más que nada por no abusar en exceso de Aitakidetza y repartir un poco los gastos.

A este paso acabaremos desplazando a los jubiletas de los campos de petanca y los paseos arbolados estando como están los pobres ocupados en renegociar nuestras hipotecas, aunque eso sí­, ya no hace falta que vayan a la puerta de la ikastola a recoger a los nietos, salvo que nos coincida la salida de clase con la cita previa de Lanbide. Eso sí­, como a alguno se le ocurra tocar las pensiones entonces si que se va a montar la de San Quintí­n. Tres generaciones de afectados son muchas para soportarlo.

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