Planetario

Publicado en Diario de Noticias de ílava el 19 de junio de 2012

estado a 18-06-2012 del área excavada por el nuevo equipo que gestiona el yacimiento de Iruña Veleia

estado a 18-06-2012 del área excavada por el nuevo equipo que gestiona el yacimiento de Iruña Veleia

Es extraño que no hayamos incluido un planetario entre los lunáticos proyectos estrella que pueblan las constelaciones del firmamento vitoriano. Puede que sea que a fuerza de darnos tantas leches no nos queden ánimos para más ví­as lácteas. Puede que porque aquí­ los agujeros negros no sólo no sorprenden sino que abundan. Puede que estudiar si el universo se expande o se contrae no tenga sentido en el lugar donde nada se mueve. Puede que nos demos por satisfechos pensando simplemente en que somos de por sí­ un municipio planetario. De hecho, son tantos los acontecimientos planetarios que vivimos que se tapan unos a otros haciendo que algunos pasen inadvertidos.

La semana pasada tuvimos un buen ejemplo. El planetario ARF, ese que se celebra cerca de unos apartamentos tutelados, juntó un año más las chupas que no pisan el armario con las que pasan en él el resto del año. Eso sí­, armoní­a y buen rollito. La consulta del autobús lleva camino de terminar con todos sus implicados, incluidos los pacientes ciudadanos, reclinados en el diván planetario de la consulta del psiquiatra. Hasta menudencias en cuanto a lo planetario como las elecciones griegas, las francesas, la dimisión del uno o el rescate del otro se han confabulado en una conjunción multiplanetaria para ocultar a nuestros ojos lo que bien podrí­amos llamar, así­ a secas, “el descubrimiento”.

Resulta que si en vez de mirar a la bóveda celeste hubiésemos mirado a la piedra en la que tropezamos tantas veces hubiésemos advertido que a nuestros pies estaba lo que todo el mundo interesado al respecto sabí­a que estaba. Pero no. Ha tenido que venir un rescatador del patrimonio y advertirnos de que ha descubierto lo que todos conocí­amos: un monasterio en Iruña. Y ello con gran profusión de medios, los que le han atendido y los que se ha ganado de las arcas públicas con tal notición. Que los ignorantes lo ignorásemos es normal, pero que los ilustres se sorprendan no sé yo. El descubrimiento se complementa con una plantación de amapolas de dimensión planetaria a las puertas de la vieja ciudad romana y con la sorprendente aparición de la ví­a romana que pasaba por ella accediendo a la misma por alguna de sus entradas, supongo. Lástima que algunos arbolitos hayan pagado en carne propia el descubrimiento, pero claro, como no están en el parque de Arriaga, a quién le importa eso. Lástima que el proyecto de planetario vitoriano, que si existió, no se haya llevado a cabo para dejarnos de tantos desvarí­os planetarios.

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