Naroa

A menudo hablamos de la protección de la infancia. Tan a menudo como nos saltamos a la torera lo que eso significa en realidad o en conjunto. En esto pensaba cuando veí­a las fotos de la crónica de la manifestación de los vecinos de Lakua Euskaltzaindia en contra de la nueva ubicación de la estación de autobuses que anteriormente estaba prevista en Lakua Arriaga, ubicación contra la que en su momento se posicionaron los vecinos de Lakua Arriaga. Lo pensaba al ver las fotos de las familias al completo, niños incluidos con sus pancartitas y sus cosas, participando en un acto de protesta ciudadana como quien va a ver la llegada del olentzero o la cabalgata de los reyes. Cierto es que a menudo en este tipo de movimientos ciudadanos todos somos como niños. Me refiero a que las razones que nos mueven a participar en ellos son a menudo de todo menos razones. Nos mueven impulsos, sentimientos, incluso recuerdos y evocaciones, pero razones ni muchas ni pocas, y a menudo ni siquiera las justas. Y esto es algo que ocurre por lo general con las infraestructuras. Uno nunca las quiere cerca. En unas ocasiones porque uno piensa que no las va a usar nunca, como las cárceles o los centros de rehabilitación, y en otras ocasiones porque aún usándolas uno quiere disfrutar del uso a la vez que cree un abuso que comparta más o menos las consecuencias. Leasé un centro de recogida neumática de basura, una antena de telefoní­a, etc.

Lo de una estación de autobuses resulta más curioso. Realmente al que la usa le viene bien tenerla cerca. Así­ que visto lo visto parecerí­a que si nadie de Lakua, uno de los más populosos barrios de Vitoria, la quiere cerca es que no la usa y si no la usa nadie al final uno incluso se termina por preguntar a ver si realmente hace falta una estación de autobuses que nadie usa.

Alguno a estas alturas se preguntará que a qué viene el tí­tulo. Pues bien. Hasta ahora he estado hablando de lo que pensaba mientras veí­a las fotos. Y ahora diré lo que pensé cuando leí­ el texto. Allí­ se hací­a mención a un texto leido por una niña de nueve años, Naroa.

Naroa hablaba de la plaza donde aprendió a andar en bici, del sitio donde hací­a sus muñecos de nieve, del lugar de sus juegos, y lo hací­a desde la cercaní­a de los recuerdos sin terminar, porque yo al menos le deseo que tenga por delante muchos años de bicis y muñecos. Y ahí­ es donde me volví­ a ratificar en lo de los derechos de la infancia, y en especial en el de tenerlo a una educación ecuánime y amplia, comprensiva y solidaria.

Alguien deberí­a explicar a esa niña que, de haber aplicado las razones que ella esgrime, su casa posiblemente no se hubiese construido. Su casa ocupó el espacio en el que otros niños cazaron ranas, persiguieron lagartijas, anduvieron en bici si es que la tení­an e incluso hicieron sus primeros muñecos de nieve. El palacio europa nunca se hubiese construido de antender a los niños que hací­an ciclocross por los montones de tierra que poblaban el solar. En Mendizorroza no habrí­a piscinas, ni nadie se hubiese atrevido a construir esas casas que me taparon el gorbea de mi infancia ni los barrios que asfaltaron las sendas por donde iba a pasear con mis abuelos hasta las campas de Arana.

Y diré más en el caso de que Naroa el dí­a de mañana opte por estudiar fuera de Vitoria, alguien le tendrá que explicar por qué se tiene que ir hasta casa cristo para poder llegar a una estación que pudo tener cerca. Y más tarde aún. Si ocurre que Naroa forma su familia en un pueblecito de la provincia, cosa muy saludable, alguien le tendrá que explicar por qué le cuesta más llegar de la estación a casa de sus padres que de su pueblo a la estación.

Los niños tienen su futuro, y eso debiera estar muy presente en su educación. Hacerles defensores inconscientes de nuestro presente, y a menudo incluso de nuestro pasado puede resutlar emotivo, pero dudo de que sea lo que se merecen.

2 comentarios

  • silvia dice:

    Naroa, me ha parecido que has meditado con profundidad lo que describes y ello indica que percibes la vida con interés ya que la simple observación de unas fotos te ha hecho desplegar un razonamiento con gran entidad y te agradezco que lo compartas con todos porque de esta forma nos haces, de la misma forma pensar en ello de manera más trascendente.

    Por mi parte solo quisiera apuntar que una niña no piensa en los términos que tu describes. No tiene esa percepción tan profunda del tiempo, saben que es mañana y que es ayer pero no le dan la entidad que le damos los adultos.

    Creo que esa niña no percibe ahora si su plaza estará o dejará de estar dentro de 20 años ni si eso importa, solo percibe que ya no puede jugar donde lo hací­a. La trascendencia se adquiere con el tiempo y se comienza a desarrollar en la adolescencia.

    Por otro lado que unos niños participen en un evento de esa í­ndole no influye negativamente en su educación ya que lo interpretaran como un juego, sobre todo cuanto más pequeño sea.

    Así­ mismo nadie va a hacer o dejar de hacer nada porque lo pida un niño, simplemente es un hecho simbólico que aporta emotividad.

  • Marta dice:

    Creo que el artí­culo haciendo referencia a lo “emotivo” que nos hace opinar sobre lo que incide en nuestro entorno está muy bien escrito.

    También quiero hacer ver que los adultos que vivimos a lado de la plaza de Euskaltzaindia, aparte de haber hecho parte de nuestra vida aquí­, tenemos más de una razón objetiva para estar en contra de esta estación de autobuses.
    Las razones entre otras son:
    – Que se trata de un proyecto de estación que no estaba pensado para esta plaza, se habí­an hecho los estudios para otro lugar y de repente, debido a la existencia de una excavación en este terreno se ha decidido jugar al monopoly: cojo “la estación” y me la muevo aquí­.
    – Se ha presentado como decisión irrebatible sin saber a ciencia cierta cómo va a influir en distintos ámbitos: no se ha hecho un análisis de impacto de ningún tipo: en la circulación de vehí­culos y peatones, impacto de ruido, humos…

    – Los únicos informes técnicos que existen, que han sido emitidos por la Diputación y el Gobierno Vasco son desfavorables.

    – La de que la estación en su estética, no estaba pensada para esta zona sino para estar y camuflarse entre árboles. ¿Cómo afecta estéticamente a la zona?

    – Otra razón serí­a la mayorí­a mí­nima que tiene en el Ayuntamiento esta solución. Hay que buscar un consenso más amplio entre partidos. Si no, andamos siempre igual, yo pienso, empiezo la obra, luego viene otro y la anula y “se le ocurre” otra cosa para esa ubicación…

    – la pérdida de intermodalidad…

    Me gustarí­a hacer referencia al tema de la INTERMODALIDAD: todos los polí­ticos, incluso los que ahora están en el poder en el Ayuntamiento han primado la intermodalidad sobre otras cosas. Creemos que Vitoria, como ciudad moderna, que se jacta de sus servicios, tiene que aspirar a la intermodalidad: dar a los viajeros la posibilidad de usar transporte público y enlazar con otro, sin que se cuestionen coger su coche particular.

    Queremos como ciudadanos, y creemos que nuestros dirigentes deberí­an perseguir lo mismo: que los usuarios de los medios de transporte se sientan cómodos, que usen cada vez más los medios de transporte.
    Además, como impacto en la ciudad, las estaciones ocupan un espacio que puede ser usado para otro menester, son un gasto extraordinario para las arcas, en su ejecución y en su mantenimiento. Hay que intentar en lo posible tener una sola de estas infraestructuras, la intermodalidad la vemos, más que necesaria, obligatoria.

    La estación, si se construye en esta plaza, nunca será intermodal, ya que no tendrá ninguna estación de tren al lado. así­ quienes salimos perdiendo somos los habitantes de la ciudad. Necesitamos una lí­nea de trabajo clara y que se siga. No vale primero estar de acuerdo con la intermodalidad y luego decir que ya no…

    La estación no es sólo un edificio, es un concepto de ciudad. Tendrí­amos que seguir con la idea de ciudad verde, bien planificada que hemos vendido al exterior, y que disfrutamos todos los ciudadanos.

    Por todo ello digo; NO A UNA ESTACIí“N CHAPUCERA!!!

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