Gastropolí­tica

Llega el verano, y como si un anuncio fuese, vienen los atascos, la arena en el bañador, las canciones de yoryi dan (tan difí­cil de escribir como de olvidar) y el tinto de verano. Los postres y comidas son más bien mixturas refrescantes: gazpachos, ensaladillas, sangrí­as, macedonias y sobre todo helados y sorbetes.

El caso es que por estas tierras y por otras también, parece que la clase polí­tica, condenada a no poder desconectar de su diaria actividad se ve contagiada por esta euforia gastronómica y se lanza a proponer su propias recetas.

Para calmar el calor que hace en las plazas y que abrasa las calles y sus comercios, a un lado u otro del canal de la mancha y de la propia mancha manchega, que mejor que una ensaladita de… vamos, se me entiende no?

De café, del mal café que se sirve ultimamente en “los mercados” pues ya se sabe también… si no quieres taza, taza y media.

Por aquí­, por nuestra querida tierra vasca, andamos también con nuestros retos gastronómicos. Sabido es que la cocina se nos da bien. Unos ganan estrellas michelí­n, a otros les estorban los michelines, y alguno de tanto tiempo pasado en la cocina se le olvida el mundo y viene el pinche y le deja con la sopa boba. Pero inasequibles al desaliento, todos seguimos en los fogones y en los cuartos frí­os.

Como el calor lo llevamos mal seguimos dando vueltas a la receta del polo. Pero como parece que el polo sólo tiene un sabor y un color, pues vamos a ver si lo ampliamos y hacemos una macedonia. Son todo frutas que se parten en cachitos y se ponen juntas. Comparten entre sí­ el hecho de ser frutas y poco más. Pero el plato no sé yo si saldrá adelante o no. Alguno de los ingredientes ya ha dicho que, él mejor en su platito propio, que esas macedonias se acaban convirtiendo en compotas y a veces se indigestan.

Otros recordando los no tan lejanos tiempos del estrellato y auge del pepino se ponen a la tarea y se repiten más que el referente. Más de lo mismo y poco nuevo, las sorpresas las guardan para cuando gobiernen, y si tenemos que fiarnos de algunas novedades, vease a la Cospedal y sus farmacias, es como para que alguno se lo piense.

Los hay también que tratan de inventar imposibles. Al hilo de Adriá y sus deconstrucciones y sus espumas buscan en su crisol como hacer olvidar lo que han hecho sin poder decir que lo han hecho mal. Es como esos postres novedosos en que sobre el helado se pone chocolate caliente que no funde el hielo, o se hace flotar un fruto helado en un caldo caliente.

Están por último los que abominan de todo este tinglado gastronómico y prefieren el slow food, la agricultura ecológica y la ganaderí­a sin muerte. Cada uno cuidando su huertita y sin dejar que se la pise nadie. Discutiendo junto a la valla unos con otros sobre si el riego es mejor por aspersión, inundación o goteo, y si no es por eso pues por lo que sea… el caso es discutir y dejar que los tomates se sequen en la mata y las lechugas se eleven hasta el cielo. Y para comer algo caliente… chispas.

Al final va a resultar que los “clientes”, a los que unos y otros nos quieren atrapar con su marketing polí­tico, empezamos a estar como un pavo en nochebuena… mosqueados. Eso sí­, el mosqueo nos va a durar poco, enseguida vamos a acabar asados y trinchados.

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