Hermanados

Publicado en Diario de Noticias de ílava el 4 de mayo de 2010

Viajar te da la oportunidad de encontrar por el mundo y hasta más cerca ciudades con las que compartes algo, ciudades para hermanarse. Es lo que me ocurrió la semana pasada cuando aproveché para huir de la amenaza acuosa del patrón y embarcarme para recorrer un cachito del Mare Nostrum. No fui el único. De Sanvi hasta Manzanos pasando por muchos otros rincones del solar alavés fuimos muchos los que seguimos la estela de ilustres marinos alaveses como Ignacio Marí­a de ílava, allá por el XVIII y XIX, o Iñigo Ortiz de Retes allá por el XVI. Como esclavos de pago de los modernos émulos de Zulueta el negrero nos armamos de tarjetas y nos dispusimos a dejarnos saquear por los bucaneros del turismo.

Hemos vuelto tan contentos y por lo que nos cuentan el santo meón ha fallado a la tradición y el tiempo ha sido por aquí­ espléndido. Me alegro por los que se quedaron e invito a las autoridades a identificar entre los que viajamos al gafe meón para invitarle a que viaje otros años.

Y hablando de autoridades no estarí­a de más que pensasen en un pequeño kit de alaveses por el mundo. Un sencillo gadget  consistente en tambor de cartón plegado y fácil montaje, gorro de cocinero, pañuelo y palillos de plástico. Y ya para bordarla un pequeño envase al vací­o con la ración de caracoles y perretxikos con huevos frescos y buen jamón. Con él podrí­amos celebrar fiestas a San Prudencio nuestro patrón allí­ donde estuviésemos, ya sea buffet, terraza, camping, monte o playa, y promocionar el territorio con folletos sobre Rioja Alavesa, pintxos, parques naturales, museos o catedrales.

Y a cuenta de catedrales, visitando Pisa llegué a la conclusión que bien podrí­an nuestras autoridades hermanar ambas ciudades. Ambos hemos convertido una chapuza en un motivo de orgullo y reclamo del visitante. Ellos tienen una torre inclinada desde su arranque y a la que todas las intervenciones posteriores no han hecho sino inclinar más. Pero no sólo la torre, es que la misma catedral que está al lado es todo un prodigio de rectas que no lo son. Es lo que tiene construir en terrenos inadecuados. Nosotros tenemos una catedral mal hecha y peor mantenida que al igual que ellos hemos sabido convertir en motivo de admiración y excusa para la visita. Nosotros soñamos con soterrar el ferrocarril, y podrí­amos proponer a ellos que soterrasen el Arno, que también parte la ciudad, y si al final no quieren hermanarse los unos y los otros, siempre nos quedará Pompeia, que mira tú por donde, rima con Veleia.

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