Tempus fugit

Esta semana ha empezado y terminado en sendos funerales. Funerales en los que hemos despedido algo más que a dos personas.

Comenzamos despidiendo a Begoña Revuelta. Una larga enfermedad pudo con una mujer incombustible, que por desgracia acabó por consumirse. Una luchadora incansable optó finalmente por descansar. Su sonrisa se apagó finalmente para quedar tan sólo en nuestro recuerdo. Me tocó trabajar con ella en varias campañas. Cada uno a un lado de la coalición, como buenos amigos vigilantes, como leales enemigos y rivales. Que voy a decir que los que le conozcan no sepan sobre la exquisita combinación entre eficacia y trato humano con que se desenvolví­a esta mujer, la sombra sempiterna de Juan José Ibarretxe. Allí­ estuvo, acompañándola también en esos momentos duros, llevándole de la mano camino de su nuevo hogar, relatando emocionado sus últimos momentos. Buen lehendakari y mejor persona el juanjo este. Y de Begoña no diré mucho más. La amplia representación que se reunió en Amurrio para despedirle habla bien a las claras del cariño y respeto que fue sembrando.

Mal empezaba la semana. Y como suele decirse, lo que mal empieza mal acaba.

El viernes fue Javier Caño quien comenzó el largo viaje hacia la nada. El polí­tico de voz sugerente. Voz a medio camino entre la excelencia radiofónica y el hipnotizador envolvente. Con este también me tocó trabajar en varias ocasiones. Me tocó escucharle, y pude también verle maniobrar, aferrarse al timón en medio de las tormentas y guiar con mano firme el barco hacia puerto, el suyo por supuesto. Hombre curioso javier. Adorado hasta el extremo en su calidad de ideólogo. Seguido con devoción por su fieles militantes compañeros de partido. Con sus claros y sus sombras revoloteando su vida polí­tica, su actividad económica, su producción ideológica, su praxis polí­tica.

Dos muertes dos, de dos partidos dos de dos personas dos de un mundo uno que no creo yo que se acabe, no, pero que no cabe duda que ese mundo, el suyo, el nuestro y el de muchas gentes del paí­s va quemando etapas, y esta es una de ellas. Con sus contrastes y con sus diferencias y con sus despistes. Con sus aciertos y sus errores, con sus filias y sus fobias, con sus rencores y sus lealtades. Pero eso sí­, con gentes cuya capacidad de trabajo y entrega es en todo caso lo que nunca se podrá cuestionar.

Un saludo pues a sus familiares y amigos, y si se me apura incluso a sus compañeros de partido, categorí­a que como se sabe está al margen de amistades y enemistades. Nosotros mientras seguiremos trabajando…

 

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