Rincones semiocultos. Aramaio

Publicado en el número 3 de la revista de los concejos alaveses Herrian.

Aramaio, íƒï¿½lavaSi a Suiza le quitas los bancos, las fábricas de relojes, las sedes de grandes organismos internacionales, y un par de nimios detalles más, lo que te queda es”¦ Aramaio. Aramaio es en sí­ y toda ella uno de los más hermosos y semiocultos rincones de Araba. Todo un parque temático sin más planificación que la que da la propia naturaleza y la relación tan antigua y amigable como estrecha de los humanos con ella.

Apartada de los grandes ejes de comunicación que la rodean, permanece ahí­, como una gran antena parabólica que emite desde hace siglos su programa de prados y caserí­os, de barrios y peñas, de montes y arroyos. Es nuestra pequeña suiza, un territorio alavés, bizkaino, gipuzkoano, un auténtico enclave euskaldun a caballo de nuestras mugas.

Aramaio, íƒï¿½lava

Es difí­cil concretar, como en otros rincones hemos concretado, un espacio concreto donde concentrar nuestra estancia y nuestra mirada. El espacio es todo uno, y cuando se coronan los altos que dan acceso al valle, bien merece la pena detenerse y contemplar, desde lo alto, Aramaio en todo su esplendor. Si el dí­a no es soleado no importa, tanto mejor. Aramaio cuadra mejor con las brumas, con el xirimiri, con los colores apagados del cielo y de la tierra, de la caliza y el bosque. Pero si es soleado, y la mañana ha hecho nacer las nieblas diseminadas, entonces ya si que el espectáculo es mágico. Con caserí­os asomando entre las nubes, pegados a los prados empinados. Toda una delicia de las que bien merecen al menos un dí­a, bocadillo en ristre, a pie o en bicicleta para pasear de barrio en barrio, de iglesia en iglesia, de bosque en bosque.

Una jornada que iniciar en Ibarra, con un buen almuerzo, o terminarla allí­ con una buena merienda. Ibarra merece también un paseo por sus calles. Con ese aire de nobleza ilustrada, con sus tiendas de portal, con los signos de una vida que no se acaba. Porque no se engañe nadie pensando que va a topar con un pueblo atrasado o anclado en el tiempo. Nada parecido. Ibarra cuenta hoy en dí­a con sus cuidadas calles, y bien conservadas casas que se combinan con las nuevas construcciones sin estrépito. Buenas instalaciones deportivas, su centro cultural, parques y demás elementos urbanos y por tener tiene hasta un tobogán enorme.

De aquí­ a no mucho, por vez primera en su historia, el mundo se asomará a Aramaio. Apenas por unos instantes, en el espacio que media entre túnel y túnel los sorprendidos ocupantes de los trenes de alta velocidad verán frente a sus ojos un sueño. El mismo sueño de paz y tranquilidad que su paso puede contribuir a romper sin dejar beneficio alguno. Las paradojas del progreso. Pero puede que alguno de esos fugaces viajeros sienta la llamada del valle y vuelva, como decí­amos antes, con cuidado y despacito.

En definitiva, si hay un rincón tan vivo como semioculto en Araba, ese es Aramaio. Todo un reto para los sentidos, para ver sus paisajes, para oir a su gente y para, por encima de todo irse con el dulce sabor de un paisaje habitado, no masacrado.

 

Leave a Comment

Límite de tiempo se agote. Por favor, recargar el CAPTCHA por favor.