Festinger

A menudo uno se acuerda para siempre del nombre de aquel capaz de poner negro sobre blanco lo que uno sabe a fuerza de vivirlo pero no reconoce hasta que se lo dicen. Ese es el caso de Festinger, y más concretamente de su famosa teorí­a de la disonancia cognitiva, la disonancia de Festinger, que me tocó estudiar en mis tiempos de universidad.

Para el que guste de no extenderse con enlaces vendré a decir que es ese mecanismo mental por el que nos convencemos de que lo que hacemos está bien y lo que no hacemos es imposible de hacer y además, poco conveniente. Piense cada uno en los dí­as previos a comprar un coche, una casa o lo que sea, y en cómo se va autoconvenciendo de que todo son ventajas, si ha decidido comprar, o inconvenientes si ha decidido dejar pasar la oferta.

En el terreno de los medios de comunicación, o de la comunicación en general, se suele aplicar a la máxima aquella por la que un mensaje demasiado contrario a las propias creencias se interpreta como mentira y refuerzo de lo que creemos, y a la inversa, para el convencido resulta una prueba irrefutable de la solidez de sus creencias y mitos.

Para mejor explicar esto pensemos en que las fotos de Igor Portu recién ingresado que publica Gara, las viese un lector habitual de La Razón. A unos lectores les ratificarán en la existencia de torturas, mejor dicho, en la veracidad de todas y cada una de las torturas denunciadas, sean ciertas o no. A los otros les escandalizará el montaje que puede hacerse en torno a una detención normal, y hasta descubrirán que las heridas son falsas y el conjunto de la información propaganda filo terrorista.

En lo profundo de su corazón unos llorarán por el martir golpeado y otros sonreirán al ver al terrorista con su merecido castigo.

Parecida sensación pero exactamente inversa, sentirán los unos y los otros antes las fotos, por ejemplo, de los guardias civiles tiroteados en Iparralde.

La cuestión es que entre quienes se mueven como un péndulo binario entre la alegrí­a criminal y la indignación beligerante, un número cada vez mayor de gentes se mueve entre la nausea fisica e intelectual, y la indiferencia más radical.

Todo parece un juego, todo menos que las fotos, las unas y las otras no son montajes, por desgracia.

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