Libertad de elegir

Publicado en Diario de Noticias de ílava el 27 de Enero de 2008 

La harto recurrente polémica en torno a la cuestión de los modelos linguí­sticos nos sorprende de cuando en vez con auténticas perlas del sin sentido más notorio. A finales de la pasada semana hací­a aparición una asociación de buenos padres y madres de familia cuyo objeto no era otro que el de garantizar la libertad de elección linguí­stica. La de siempre, por supuesto. La de los silenciados por hablar castellano. La de, como dirí­an los batasunis, los que son perseguidos, escupidos, segregados y forzados al exilio y todo por ser pijos y españoles.

Podrí­a extenderme en exabruptos y otras cosas del estilo, hasta incluso analizar la fijación que tienen algunos con que sus hijos sean tan tozudos como ellos. Pero como quiera que el nombre de la asociación sociedad o lo que sea, me lo pone a huevo, me voy a quedar tan sólo con un par de entrecomillados.

Primero: La extinción del modelo A, el que prácticamente tiene al euskera como un bonito adorno floral, el que consigue que el 0% de sus alumnos sea capaz de expresarse en euskera,  supone “atentar contra la libertad de los ciudadanos vascos a utilizar cualquiera de las dos lenguas cooficiales.” Muy bien hombre. Como yo no sé euskera, para asegurarme que mi hijo pueda elejir con libertad la lengua que usará le enseño castellano. Y cuando sea mayor, si quiere y le deja tiempo libre la atención de los negocios de la familia que aprenda euskera, y tan anchos…

El segundo: La extensión de los modelos B o D “prejudicará gravemente los niveles de formación y capacitación de sus hijos” Mira tu por donde, casi catorce años viviendo con un analfabeto no capacitado, y casi seis con otra y yo sin enterarme. Porque mis hijos ambos estudian en modelo D. El mayor es bertsolari y hiphopero, se ha leido todos los harry potter, el señor de los anillos, y hasta manolito gafotas y que se yo cuantas cosas más. Ahora está leyendo una novela en euskera, y mañana leerá otra en castellano. Que más da. Lo que ha aprendido es a querer los libros. A la pequeña la pillé el otro dí­a con un libro en castellano e inglés, una antologí­a de Yeats. Ella toda pintxo con su libro y su marcador camino del sofá. Como tiene seis años ya me confesó que no entendí­a mucho, pero que era poesí­a y eso es muy bonito. Pero en todo caso ha sido capaz de saber recitar completos unos versos de Juan Ramón Jimenez sólo a fuerza de oirlos. Y digo yo si todo esto no tendrá que ver algo con la capacitación, con la formación, y hasta con la libertad de elegir. Porque es muy dificil elegir lo que ni se tiene ni se conoce, y muy fácil reclamar libertad para clonar nuestras propias frustraciones y miserias.

 

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