Helio

Diario de una campaña vista con buenos ojos. Dí­a 2.

Los niños, y sobre todo los que van camino de dejar de serlo, lease adolescentes o preadolescentes, no dejan nunca de sorprenderle a uno. Su velocidad para descubrir usos alternativos a las cosas más inocentemente ofrecidas, así­ como su arrojo para pedirlas una y otra vez es digna de elogio.

Vas y te pones a repartir globitos pensando en que su destino natural serán los niños pequeños, los que no entienden mucho pero quedan muy lucidos paseando con su globito atado a la mano. Hasta incluso resulta desgarradoramente tierna la estampa del niño llorando a lágrima viva mientras el globo ese que no se quiso atar porque lo agarraba muy bien vuela haciael cielo y se pierde en la distancia o en las nubes. O esa otra estampa tan habitual del estallida que precede al llanto.

Pues va a ser que no, los que más veces se acercan, en auténticas manadas al punto de reparto de los globos son preadolescentes. Y uno no puede menos que preguntase donde está el asunto, porque sabiendo como se las gastan, no es fácil adivinar que el uso del globo nada tiene que ver con el previsto, y enseguida se encuentra la solución. Helio. Eso es lo que contienen los globos. y el helio produce cuando se respira un gracioso efecto en las cuerdas vocales, lo que lleva a la hilaridad a nuestros jovencitos de voz cambiante.

Al final, habrá que pensar en montar unas boquillas esterilizadas y ahorar globos, y helio. De momento ellos se divierten, que tampoco está mal, que demonios.

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