Dóciles

El PERI del casco viejo gasteiztarra es uno de esos temas recurrentes en las polémicas locales. Lo es incluso antes de que existiese el PERI, lo es incluso más allá de las propias y peqeuñas fronteras de nuestra ciudad.

De un tiempo a esta parte, sin embargo, empieza a ser motivo de reflexión entre los polí­ticos locales, y lo que es más visible, protagonista de un hilo de discusión que nos va ofreciendo periódicamente muestras de este debate en los medios escritos. Hoy publica el Diario de Noticias de ílava un artí­culo de Txema Matanzas.

Su opinión es una más, no es ni con mucho aquella con la que más de acuerdo pueda estar, pero en todo caso es lo que es, una opinión. Pero, dado que hoy no tengo tiempo de hablar del asunto en sí­, del casco viejo, si que no puedo dejar escapar algo que me ha llamado la atención.

Dice el autor del escrito, en respuesta a otro de Juan Carlos Alonso, o mejor dicho, advierte el autor, que no es conveniente expulsar a los incomodos estética o ideológicamente hablando para sustituirlos por “dóciles”. Y claro esto tiene su miga.

Puede que incluso un servidor entre en esa categorí­a de lo que Txema describe como dóciles. Pero tengo la impresión de que realmente o no sabe o no quiere enteder qué es la docilidad. Porque me parece curioso que “colectivos” tan liberales, tan indomables, tan autónomos individualmente, sean a la vez tan dóciles a si mismos.

La docilidad no es un patrimonio de la derecha, ni de la izquierda, ni de los españoles, ni de los vascos. La docilidad es simplemente una actitud vital básicamente personal. Se puede ser tan dócil aceptando sin rechistar cuando se pueden quemar cajeros y cuando no, y se puede igualmente ser un indómito ciudadano a pesar de comprar a propio capricho ropa en Adolfo Domiguez y de tomar vinos en la Dato.

La docilidad es otra cosa, y ya lo siento, porque por desgracia está demasiado extendida en nuestra sociedad, tanto, que a veces no somos capaces de detectarla en nuestras propias filas, y cuando lo hacemos, lo triste es que suele ser conservada para mantenerla, y así­ mantenerse uno mismo al frente de los dóciles.

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