A vueltas con la memoria…

No basta con acordarse. No es suficiente. No basta si se es incapaz de sobrevolar por la memoria, de construir, con memorias propias y ajenas un escenario humano. Un escenario de victorias y derrotas que no siempre coincide con las victorias y derrotas que recoje la historia.

Acordarse, por otra parte, no es necesariamente poner y quitar piedras, es, o debe ser algo más.

Estuve hace unas semanas en Parí­s. Era mi primera visita a aquella ciudad y espero que no sea la última. Frente a la grandeur de avenidas y palacios, llama la atención el ingente número de placas, grandes y pequeñas, humildes o ampulosas, que uno se tropieza en cualquier rincón. Una rinde homenaje a unos niños, otra a un carnicero, otra a un panadero, a un soldado, a quien sea. Unas llevan puestas cientos de años, otras decenas, otras ni me acuerdo. Viene esto al hilo de la memoria, porque cuando uno ve esto y lo compara con el escenario urbano más cercano, con el nuestro, y con lo escasas que aquí­ son este tipo de ventanas al recuerdo, se da cuenta de que la diferencia es básicamene una y grande.

Allí­ no se quitan las placas, se ponen otras, y llevan años, incluso siglos, poniendo placas. Por aquí­ tenemos más bien afán de eliminar y, en el mejor de los casos sustituir. Por eso quizás haya tan pocas.

Recordar no es justificar, de la misma forma que esconder, que olvidar, nunca es solucionar, nunca altera la historia, lo que fue.

Recordar debe servirnos para reflexionar, para ponernos del lado del otro, para intentar comprender qué mueve a gente, con sus amores y desamores, con sus ideales, con sus verdades y mentiras a actuar como lo hace en cada caso. Y esto supone efectivamente no olvidar, no olvidar a nadie.

Y es que cada uno tenemos nuestra memoria de las cosas, y todos mezclamos, compaginamos, apañamos ese reducto í­ntimo con la versión aprendida que tenemos de la historia. Y cuando digo aprendida no me refiero a la estudiada, sino también a la vivida, a la adquirida por contacto con otras memorias í­ntimas.

Tenemos en todo caso una gran ventaja. En relación con la memoria de lo pasado, tenemos la opción de construir en presente, la que será la memoria del futuro.

 

1 comentario

  • […] El domingo pudimos asistir a un acto dramatizado de contricción pública y de desagravio institucional. El acto, además de su propia trascendencia ha servido como excusa para que voces diversas opinen y expresen sus sentimientos y razones en torno a la cuestión de las ví­ctimas. Me quedo yo con las reflexiones de Xabi Larrañaga, que comparto en fondo y forma. Y en ocasiones como esta, a veces repaso mi hemeroteca, y me quedo con cosas como las reflexiones sobre la memoria que escribí­ allá por septiembre del años pasado. […]

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