El bocadillo de los Quintas

Fotografía de José Ignacio Vegas en la edición del Festival de Jazz de 2013

Al volante los Sainz, los Márquez en moto GP y detrás del objetivo los Quintas. Distintos pero con una pasión común, compartida y heredada: captar la luz. Ayer se apagó un forillo. pero no sin dejar un amplio reflejo del fulgor con que lució.

Fotógrafo sin boato, profesional con oficio, persona por encima de todo. En tiempos de postureos vacuos y de obras que necesitan discursos que no contienen para justificarse, son encomiables los artistas que hablan con sus obras más que hablar de ellos mismos y sus obras. Y es que hay mucho que decir como para perder el tiempo en explicar lo que, cuando se hace bien, habla por si solo.

Nunca es pronto para irse, pero todo es más sencillo cuando dejas tanto. Recuerdos y sonrisas, mucho arte, mucha vida y muchos recuerdos de momentos compartidos.

A mi hoy me viene uno a la memoria. El bocadillo de los Quintas, famoso en el jazz entero. Toda una familia de fotógrafos aprovechando «el recreo» de las sesiones dobles del festival en Mendizorroza para colgar cámaras y abrir las bolsas con aquellos bocadillos de gloria que preparaba con arte y dedicación la madre de los Quintas para solaz y regocijo de medio pabellón. Gente sencilla de gran corazón, tan artistas como el que más y con más oficio que muchos, pero eso sí, mirando a los demás sin subirse a ningún pedestal y siempre con una sonrisa en la mano.

Que la luz que te dedicaste a capturar te acoja para siempre.

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