Treviño y las medallas

este pasado lunes 23 se produjo en las Juntas Generales de ílava un curioso debate. Un debate cuyo resultado tiene, al menos para mí­, un resultado agridulce. Comenzaba todo por una propuesta del PNV para conceder la medalla de ílava a los alcaldes de La Puebla de Arganzón y de Condado de Treviño y culminaba con una sinfoní­a del desencuentro. Me preocupa el tema de Treviño, porque como alavés de nacimiento me toca muy de cerca y como ciudadano castellano leonés del municipio burgalés de La Puebla de Arganzón me toca los… bueno, creo que se me entiende.

Los ciudadanos tienen la impresión, o al menos así­ la expresan con frecuencia, de que los polí­ticos tienen entre sus habilidades primordiales la de ponerse medallas. Bueno, los polí­ticos y muchos otros. No seré yo quien diga que los alcaldes en cuestión no hayan dedicado tiempo y esfuerzos a tan noble tarea, cosa que, por otra parte, es su obligación y su compromiso con quienes les votaron.
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El cauce y las orillas

Cada vez que Ibarretxe en campaña usaba el sí­mil del cauce y las dos orillas, habí­a quien se negaba a meterse en el rí­o e incluso tachaba de irreal la parábola. Tras los resultados del 17 de abril, fue unánime para los de siempre que la figura no tení­a sentido.

Pero mira por dónde va y comienza la legislatura y uno no puede menos que recordar a Heráclito y a su parábola del rí­o. El agua fluye, los bañistas cambian, pero el cauce permanece, y con él las orillas.
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