Inteligencia

Publicado en Diario de Noticias de Álava el domingo 17 de diciembre de 2017

Vivimos tiempos de mudanza en esto de la inteligencia. Ya no aspiramos a que se nos gobierne con ella. Incluso ni contamos con que nuestros gobernantes atesoren una cualidad tan preciada antaño. Tal es la cosa que ni ellos mismos, los gobernantes, la estiman ni la buscan, ni en sus personas ni en las de aquellos a quienes gobiernan, o sea, nosotros mismos. Pero como parece ser que es como la materia, que ni se crea ni se destruye sólo se trasforma, pues ahí andamos todos mirando a ver donde colocamos la inteligencia esa que tanto nos estorba. Inventamos edificios bien pensantes, aspiradores diligentes, teléfonos sabios, y hasta vamos a contar, como una de las patas de nuestro futuro como ciudad sostenible, movible y retornable, con un autobús que, además de eléctrico, va a ser inteligente. Prometedor el asunto, porque todo el día dando vueltas sin parar a esta ciudad da para mucho pensar, si se es inteligente, claro está. Lo mismo hasta se da cuenta el autobús de lo tontos que son los semáforos que no se percatan de que están dando paso a peatones que no existen o parando a coches y autobuses sin criterio ni motivo. Igual se da cuenta de que si los peatones son tan díscolos y cruzan por donde quieren lo mismo es porque los cruces no están donde deben. O de que quien pinta los bidegorris parece que está haciendo más una alfombra para niños que un carril donde coger esas curvas en una bici sea posible. Vuelta a vuelta igual hasta se plantea si la ciudad que estamos construyendo, con calles tan anchas que no se ven las aceras de enfrente y plazas desiertas donde no hay sombra ni refugio, es la más adecuada para nuestro clima y si invita a la convivencia vecindaria o al aislamiento insolidario. Y piensa que te piensa, como le dé por hablar, fijo que lo acaban desactivando, no sea que su inteligencia haga sombra a más de uno.

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