Tiempos viejos, tiempos sencillos

Publicado en Diario de Noticias de Álava el domingo 19 de noviembre de 2017

Hubo un tiempo en que todo era sencillo, bueno, casi todo. En la vida había veces que era necesario elegir bando y luchar por ello. Las elecciones eran grandes, las opciones vigorosas. Se podía ser franquista o antifranquista; monárquico o republicano; católico o ateo; del Barça o del Madrid. Lo demás eran matices. Que si maoista, trotskista, leninista o eurocomunista; que si socialdemócrata o demócrata cristiano; que si del opus o de falange; que si jesuita o franciscano; que si juanista o juancarlista; que si carlista o isabelino. Minucias. Tomadas las grandes opciones lo demás era cosa simple. Los vinos justo tenían color, menos el de Asunción, que no era ni tinto ni blanco. En los bares había un cajoncito con unos sobres de manzanilla y ya para los snobs, si acaso, una bolsita de te. La leche en la bolsa y la coca cola en la botella. Tónica no había más que una y para los que gustaban de elegir estaba el kas de naranja o de limón. Pero ahora vivimos tiempos nuevos, tiempos complicados. Hace falta un master en enología para pedir un blanco; años de estudio para saborear un tinto, y un grado en geografía para los rosados. La manzanilla ya no existe, ahora hay pilas de botes y cajitas con hierbitas de todos los colores, solas o en combinaciones múltiples entre ellas o con frutas del bosque o de la pradera. Es la leche. Bueno, la leche es la cantidad de leches que hay, que hasta hay leches que no son leches aunque lo parezcan. Que si la de soja, la de avena, la desnatada, la crema, la sin lactosa… Vamos que se queda uno bloqueado en la barra del bar con la mente ocupada en estas grandes decisiones mientras piensa en lo que le acaba de preguntar su amigo el frutariano, ese que te llama especista, acerca de si es uno de género fluido o qué, mientras al fondo, en la tele, habla un tal Mariano de lo bien que nos van las cosas.

 

 

 

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