¡Toma castaña!

Publicado en Diario de Noticias de Álava el domingo 1 de octubre de 2017

Es arriesgado un día como hoy titular así un pergamino. Pero no, no soy vidente, no puedo saber cuando esto escribo si a la hora de ser leído habrá votos o castañas. En todo caso son otras castañas a las que hoy me refiero; concretamente a esas que estos días piso y pisamos por calles, aceras, parques y jardines los que caminamos, pedaleamos o conducimos por Vitoria – Gasteiz. La verde Vitoria, la capital de la paz, la convivencia y la ecología sostenible es también la ciudad de las plagas opulentas, y además lo es con un rasgo peculiar. Aquí no hace falta Moises que nos envíe las siete plagas, las creamos nosotros. Nosotros trajimos las palomas y nosotros plantamos los castaños y otros frutales de frutas no comestibles. Los castaños tuvieron sentido en su día. Nos servían para liarnos a castañazos entre coras y marias. Pero caímos luego en la paradoja de que, a la par que los pedagogos y demás “loqueseaogos” indicaban la poca pertinencia de los castañazos y la conveniencia de acabar con esta secular y vitoriana costumbre de socializar muchachos, los del servicio de jardines seguían plantando castaños de castañas que no se comen. Y así, ante la ausencia de uso y la falta de depredadores, andamos con casco por las calles que se nos van convirtiendo bajo las ruedas en un improvisado trujal de castañas hechas harina que nadie mete en sacos. Pasa lo mismo con ciruelas, cerezas y otros manjares. Que los plantamos por bonitos y lo dejan todo hecho una mierda con los frutos que no cogemos porque no aprovechan. Y nos quejamos luego de estas plagas y de las otras mientras llevamos patatas canadieses, naranjas de Argentina y tomates de Marruecos al banco de alimentos. Y digo yo, que si no sería más fácil injertar los castaños para poder asar las castañas que criamos, o si no plantar nogales o manzanos, pero de los de comer, oiga.

 

 

 

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