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		<title>Paradojas televisivas&#8230;</title>
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		<pubDate>Thu, 02 Sep 2010 10:39:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>javier vegas</dc:creator>
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		<category><![CDATA[ocurrencias varias]]></category>

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			<content:encoded><![CDATA[<p>La capacidad de mantener la atención es por desgracia, o puede que por fortuna, limitada. Por eso se diseñan con mimo las películas y las obras de teatro, de forma que mantengan viva esa actitud tan imprecisa que llamamos atención. Por eso las conferencias resultan a menudo un buen espacio donde sestear caliente, por eso las galas buscan la variedad y la sorpresa para entretener al publico asistente.</p>
<p>Cuando uno pierde la atención se dedica, generalmente, a realizar algo parecido a viajes astrales intermitentes que le llevan a veces muy dentro de sí, hasta el rincón de la mente donde descansan las lavadoras sin tender, los grifos abiertos, la itv del coche y ese tipo de preocupaciones domésticas que amenudo olvidamos. Otras veces son pensamientos más profundos, como sesudas opiniones sobre las características constructivas del espacio donde uno asiste al evento, e incluso al desarrollo de innovadoras teorías sobre la disposicón de focos, sillas, lámparas, pantallas y altavoces. Por este camino se llega a veces a formular grandes inventos que, como no se apuntan, terminan generalmente el más digno de los olvidos. Otros muchos se dedican a estudios socio &#8211; antropológicos, y van analizando al resto de compañeros de viaje astral. Se establecen relaciones entre ellos, se profundiza en sus vidas a partir de sus gestos y hasta llegan a establecerse con ellas filias y fobias por sus vidas recién inventadas.</p>
<p>A algunos nos da por elaborar nuestras propias teorías y soñar con el día en que podamos con ellas dormir o hacer viajar a un auditorio absorto. Eso me pasó el otro día en algunos momentos de la gala de apertura del Festival de radio y Tv de Vitoria &#8211; Gasteiz.</p>
<p>Mi teoría es que vemos la tele mientras trabajamos, estudiamos o estamos ocupados, que se conoce que es cuando tenemos tiempo para ello. Me lo demuestra claramente la programación de los medios en verano. Ese período en el que estamos de vacaciones. En el que no tenemos mucho más que hacer que tomar un poco el sol, otro poco unas cervecitas, comer, echar la siesta, levantarnos tarde y, cualquiera diría&#8230; ver la tele. Pues no. Visto el cuidado que ponen no ya una, sino todas las cadenas en sus programas de verano, lo cierto es que una de dos&#8230; o realmente nadie ve teles ni oye radios o tanto teles como radios, en una especie de penitencia quieren darse una tregua en la guerra por las audiencias, unen su empeño en hacernos ciudadanos amediados, o sea, sin medios de comunicación, de los medios económicos ya se encargan los hosteleros y demás sectores afines al mundo del ocio y el turismo.</p>
<p>A mi a veces me pasa, que pienso&#8230; ahora que no tengo que madrugar (la verdad es que esto es algo que evito siempre que puedo, lo de madrugar, me refiero) y que podría quedarme a ver mi late night favorito, está de vacaciones. Ahora que podría ver ese programa de tarde del que tanto me han hablado resulta que está plagado de suplentes. Ahora que mientras están los niños a remojo podría ver como son los progamas matinales, resulta que no existen, y eso por no hablar de tus series favoritas. De esas que en verano parecen ejercicios de memoria como los de la nintendo cuyo mayor aliciente de sus viejos capítulos es intentar recordar todo lo posible sobre la primera vez que lo viste.</p>
<p>En fin, que ya se que no es una teoría muy elaborada, ni siquiera un buen guión para un monólogo, pero es que de repente empecé a oir aplausos y un codazo a tiempo me hizo volver de mi viaje astral sin tiempo para más. Pero da igual, ya seguiré en otra conferencia, gala o cosa similar&#8230;</p>
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		<title>Se acabó agosto</title>
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		<pubDate>Wed, 01 Sep 2010 10:39:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>javier vegas</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Y ya vuelven las calles a poblarse. Y vuelven los coleccionables a los kioskos (yo ya he caido en una par de ellos). Y un moreno ostentoso puebla las terrazas mientras los no vacacionados esconden su blancura en el interior, junto a la barra. Como émulos de marco polo vienen los viajeros y por un [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Y ya vuelven las calles a poblarse. Y vuelven los coleccionables a los kioskos (yo ya he caido en una par de ellos). Y un moreno ostentoso puebla las terrazas mientras los no vacacionados esconden su blancura en el interior, junto a la barra. Como émulos de marco polo vienen los viajeros y por un momento nos sentimos Genghis Khan o un noble veneciano oyendo sus relatos. Tan siquiera hace falta ya caer en la mortal trampa del café doméstico para tener que tragarnos las fotos que acreditan viajes y aventuras. Basta el movil para amargarnos un mariano.</p>
<p>Como estamos en crisis, los temas son recurrentes. Los precios de ganga quien los ha encontrado. La multitudinaria presencia en playas y la escasa en bares y restaurantes. Las virtudes de la redescubierta casa del pueblo. Los inconvenientes de compartir el apartamento olvidado. La ingnominiosa forma en que los anfitriones les echaron tras incontables abusos normalizados. Y así, como todos los años, haciendo que hasta lo nuevo suene a rancio. Y el caso es que en estas fechas uno se siente obligado a preguntar aquello de ¿qué tal las vacaciones? Sin muchas ganas, también es cierto, pero es algo así como el postrer favor de los guardeses. Total para oir a modo de disculpa el eterno &#8220;pues ya sabes, cortas&#8221; momentos antes de iniciar el repaso ya citado y mientras el i-pod encuentra la carpeta con las fotos temibles y temidas. Porque esa es otra. Bajo excusa de enseñarte vistas y monumentos al final siempre aparece la inoportuna foto de los michelines propios o las lorzas ajenas. Y eso cuando la foto es al menos presentable. cuando aparecen las impresentables del todo uno tiene que mirar para otro lado mientras el anfitrión azorado consigue no encontrar el botón para pasar foto que lleva pulsando toda la mañana.</p>
<p>Y todo para que al final momentos antes de saber que tienes que pagar la ronda (ya sabes, es que he vuelto sin un duro) el viajero te pregunte con aire de evidente indiferencia aquello otro de</p>
<p>- ¿y tú que tal?</p>
<p>- Pues por aquí, ya sabes&#8230;</p>
<p>- si bueno, ya se, en fin, que ando con un poco de prisa, ya me contarás otro día&#8230; Por cierto, si no te importa haces tu los marianos que he vuelto sin un duro, &#8230;</p>
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		<title>Televisión, cultura y festivales.</title>
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		<pubDate>Tue, 31 Aug 2010 20:42:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>javier vegas</dc:creator>
				<category><![CDATA[diario]]></category>

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		<description><![CDATA[Me llama un amigo y me pregunta si me importa acompañarle a la gala de inauguración de Festval, el festival vitoriano de radio y televisión nacido de la factoría Fiestras con la inestimable ayuda de Arantza Lalinde y Javi Padilla (y muchos más supongo yo). Esta es su segunda edición, y visto lo visto es [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Me llama un amigo y me pregunta si me importa acompañarle a la gala de inauguración de Festval, el festival vitoriano de radio y televisión nacido de la factoría Fiestras con la inestimable ayuda de Arantza Lalinde y Javi Padilla (y muchos más supongo yo). Esta es su segunda edición, y visto lo visto es posible que no sea la última. Buena presencia de público, famoseo, interminable alfombra roja o más bien naranja, cámaras, fans, redactores, y hasta alguna que otra autoridad.</p>
<p>Lo primero que me llamó la atención fue el despliegue de vallas, equipos de seguridad y agentes de cuerpos varios o varios cuerpos de agentes, según se prefiera. Parecía aquello el final de una etapa del tour, sólo que la gente no agitaba gadgets de euskaltel ni banderas más o menos grandes. Les bastaban sus útiles caza autógrafos y sus móviles con cámara. Dado que mi amigo era quien estaba realmente invitado y yo acudía en la simple pero noble condición de acompañante no pude evitar preguntarle si tendríamos que transitar ese calvario expuestos a las miradas de expectación y con el cargo de conciencia de ir generando frustraciones al comprobar que no éramos el rostro esperado y facilmente reconocible aún cuando la tele no sea todavía en 3D. Afortunadamente comprobamos en el manual de instrucciones de acceso que la de la alfombra era la entrada de famosos, que la que nos correspondía a nosotros era la de autoridades. Aún así estuvimos a punto de preguntar a alguno de los seguratas a ver si nos conocía, para cerciorarnos si nos correspondía el rango de autoridad o el de famoso. Optamos por dejarnos de tonterías, (tonterías las justas) y dirigir nuestros pasos a la entrada aconsejada. Mi amigo tiene cierta autoridad, pero yo ninguna, así que retomé humilde mi condición de acompañante.</p>
<p>Superada la primera parte del empeño con éxito, nos encontramos de pronto ante la segunda gran frontera, el paso infranqueable, el fotoroll ese donde la prensa espera con la cámara en ristre el paso de los famosos y se consuela mientras entrena el dedo del disparador con las autoridades. finalmente en una habil maniobra conseguimos el objetivo común. Yo me escabullí habilemente hacia el interior mientras mi amigo posaba con el Fiestras.</p>
<p>Con el oportuno retraso comenzó el acto, una gala que se convirtió en juicio y que se aderezó con momentos brillantes como el protagonizado por el infalible Dertell, y con otros emotivos como el protagonizado por la &#8220;mairuchi&#8221; que diría el Bigote Arrocet cuando ambos &#8220;combatían en el Un, Dos, Tres&#8221;.</p>
<p>El argumento del juicio era debatir sobre si la televisión es o no es cultura. Un buen hilo argumental, y por eso utilizado con frecuencia, para hilvanar los vídeos y las intervenciones de las figuras, esas que momentos antes habían dejado sus huellas en la alfombra naranja. Por ahí pasaron Risto, Jorge Fernández (el de los concursos, no el de los azulejos), Agustín Moreno y algún famosillo más. Para el recuerdo la frase de Mayra cuando dijo aquello de que &#8220;no habría televisión basura sin audiencias basura&#8221;.</p>
<p>Respecto al juicio sobre el juicio, de aquí a poco más&#8230;</p>
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		<title>¿Qué es ser agradable?</title>
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		<pubDate>Fri, 27 Aug 2010 06:45:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>javier vegas</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Las barras de los bares son, además de un templo permanente a Baco o a Dionisos, un foco incesante de vida. Bueno, un foco o un reflejo, no lo tengo claro. A veces, desde dentro, tienes la sensación de ser talmente Platón asomado a la caverna. Los clientes y sus vidas son entonces poco más [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Las barras de los bares son, además de un templo permanente a Baco o a Dionisos, un foco incesante de vida. Bueno, un foco o un reflejo, no lo tengo claro. A veces, desde dentro, tienes la sensación de ser talmente Platón asomado a la caverna. Los clientes y sus vidas son entonces poco más que sombras categóricas que van conformando la idea del mundo en todo su esplendor y en toda su miseria. Otras en cambio la sensación se acerca más a la del cine bélico, y te encuentras agazapado en tu trinchera esquivando tiros y aguantando explosiones, contraatacando cuando es posible pero aislado frente al mundo en tu fortín como un numantino sitiado, un Guzmán el bueno (nunca entenderé este apodo), o en el mejor de los casos un Agripa en su Massada. Las hordas te rodean y te aslatan y tu repartes como puedes acietes hirviendo y pócimas infernales con que neutralizarlos, ¡pero que va! Lejos de calmarse se exasperan y renuevan sus ataques.</p>
<p>Hay veces en que echas de menos la rejilla, el rosario y la estola mientras aguantas a la espera de un cliente que te salve las confesiones del cliente solitario. Otras, más laicas pero no por ello menos prosaicas, ves como el taburete se convierte en sofá y tu cuaderno comandero se vuelve bloc de notas y ahí estás, paciente contra psiquiatra buscando la manera de aliviar las penas o encontrar las causas. Al final nunca arreglas nada, más que nada porque la gente no quiere que lo arregles, normalmente buscan a alguien que no pueda escaparse a quien soltar su penas.</p>
<p>Otras eres comerciante, otras habil negociador, otras cicerone, otras experto en deportes o en viajes, pero casi siempre, como antes decía, hay una cosa en común&#8230; csi nadie te prgunta por saber más, sino para que le des la razón.</p>
<p>Pero aún así hay días y momentos que te compensan por otros muchos sinsabores. A mi me pasó el otro fin de semana mientras echaba una mano nocturna en el negocio familiar. En medio de la vorágine de copas, bajo el burlón mirar de los halógenos, al abrigo de las últimas alegrías musicales del momento, mientras atiendes a unos y a otros me llama un caballero al que acompañaba una dama, dos de los pocos rostros desconocidos en el panorama y me dice: ¿te puedo hacer una pregunta? Mal asunto, me digo yo, porque eso casi siempre te lleva a algú problema. Claro que, hay que decir que sí. Y va el tío y me pregunta ¿qué es ser agradable? No tengo muy claro lo que le contesté, en varias entregas eso sí, y recuerdo que la última fue algo así como &#8220;bueno y ya con ésta dejo de intervenir, porque no quiero pasar de ser un agradable camarero a un impertinente pesado&#8221; Y los tres nos entendimos. Me pareció gente agradable. Posiblemente yo a ellos también. Ahora sólo me queda saber que es exactamente eso. Pero eso será otro día&#8230;</p>
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		<title>Beethoven</title>
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		<pubDate>Thu, 26 Aug 2010 10:25:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>javier vegas</dc:creator>
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		<category><![CDATA[gentes de araba]]></category>

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		<description><![CDATA[El gran compositor murió hace años. El personaje que atendía a tal apodo hace apenas unos días. Sobrevivió a las fiestas, a las últimas, lo cual ya es bastante, y a muchos sorprendió la noticia porque todos le recordábamos el último día de fiestas con ese andar eternamente ausente y hasta casi balbuceante. Con el [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El gran compositor murió hace años. El personaje que atendía a tal apodo hace apenas unos días. Sobrevivió a las fiestas, a las últimas, lo cual ya es bastante, y a muchos sorprendió la noticia porque todos le recordábamos el último día de fiestas con ese andar eternamente ausente y hasta casi balbuceante. Con el cigarro entre los dedos, el pantalón caido y un aspecto no muy recomendable para elegirlo como compañero de mesa.</p>
<p>De su afición al txistu nadie discutía. De la afición a las mujeres casi tampoco. De su vida corren leyendas y aventuras. Cada cual las suyas. No debió ser en todo caso una vida fácil a fuerza de serlo. De su paso como celador quedan un par de anécdotas graciosas y muchos recuerdos inconfesables de sus compañeras, enfermas, enfermeras y demás. Perosnaje en todo caso conocido y de buena familia. De esos que parecen más tontos de lo que son. De esos que se ríen de quienes se rien de ellos. De los que para cuando te quieres dar cuenta y sigues pensando en él entre la compasión y, por qué no decirlo, la repugnancia, te han sacado el café, un cigarro y si me apuras hasta un par de euros para lo que sea.</p>
<p>Lector incansable del Gara encontró acomodo en Eusko Alkartasuna, y a todas se apuntaba, con txistu o no, haciendo con su incontinencia que los viajes en autobús resultasens siempre un poco más largos. Su tos resonaba tan sonora como amenzante para la salud y la higiene de quienes le rodeaban, fuesen gente, pinchos o bocadillos y su pañuelo no siempre bastaba para contener el manantial de sus conductos respiratorios.</p>
<p>A mi no me importa decir que no era santo de mi devoción. Me parecía realmente, como ates decía, uno de estos tontos que son demasiado listos y que han aprendido, supongo que con esfuerzo, el difícil arte de aprovecharse a conciencia de su aparente falta de consciencia. A mi no me gusta jugar a reirme de la gente, por eso, porque me faltaba la empatía suficiente, optaba por evitarle, y consciente él de que era hueso duro en eso de sacarme algo, él también optaba por corresponderme.</p>
<p>El caso es que filias o fobias al margen uno siente que se va algo parecido al caminante o al torero, uno de esos personajes que pueblan nuestras calles fundiéndose con el mobiliario urbano y que, en casos como éste, arrastran sus pies por el pavimento hasta que dejan de arrastrarlos.</p>
<p>Que descanse en paz y siga tocando el txistu por los cielos. Como suele decirse en estas coasiones, descansa él y descansamos todos.</p>
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		<title>El asalto</title>
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		<pubDate>Wed, 25 Aug 2010 10:28:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>javier vegas</dc:creator>
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		<category><![CDATA[internacional]]></category>

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		<description><![CDATA[He tardado un par de días en sacar un rato por cuestiones ajenas al impacto que me causó asistir en directo al &#8220;asalto&#8221; que los policías filipinos protagonizaron el otro día sobre un autobús indefenso. En cualquier caso la reflexión sobre lo visto podría perfectamente haberme hecho tomarme dos y hasta quince días.
Para situarnos en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>He tardado un par de días en sacar un rato por cuestiones ajenas al impacto que me causó asistir en directo al &#8220;asalto&#8221; que los policías filipinos protagonizaron el otro día sobre un autobús indefenso. En cualquier caso la reflexión sobre lo visto podría perfectamente haberme hecho tomarme dos y hasta quince días.</p>
<p>Para situarnos en los hechos los resumo. Un policía al que según parece habían echado del cuerpo por ser una pequeña gran joya, no tiene mejor idea que secuestrar un autobús para hacer méritos que conduzcan a su reingreso. Conociéndose el percal de si mismo y sus propios compañeros ya debía sospechar él que su final estaba cantado.</p>
<p>El caso es que, en el colmo del desparpajo el proceso del asalto fue rigurosamente transmitido en directo, no se si porque estaban convencidos de que lo harían bien o porque eran tan ineptos que ni esto lo supieron evitar. Lo que se vio a partir de ahí era la crónica de un carro de muertes anunciadas. El secuestrador, dentro de su lógica , amenazó con matar a los rehenes si se acercaban los &#8220;especialistas en secuestros&#8221;.</p>
<p>A partir de aquí el secuestrador demostró realmente una paciencia infinita. Porque los expertos no solo rodearon el autobús. de pronto rompieron la luna delantera pero nada. Intentaron abrir la puerta pero nada. El que la golpeaba con la porra la perdió en el intento, y tuvo que esperar a que le fuesen pasando otra. El que tiró gases o algo parecido al interior falló dos veces, por lo que tuvo que ir a recoger el bote otras tantas hasta finalmente levantarse y meterlo con la mano. Mientras sus compañeros seguían intentando abrir la puerta del autobús. Uno llegó incluso a atar un cable a las puertas, y en el colmo de la discrección y la sorpresa acercaron lentamente un todo terreno y ataron la cuerda. empezaron a tirar pero la cuerda o el cable se rompió. Vuelta a los intentos de abrirla con la porra. En los alrededores del autobús había más gente que en la para de un urbano en hora punta. Sólo que dentro había un hombre armado y creo recordar que unos catorce rehenes. De pronto alguien se dio cuenta de que el autobús tenía otra puerta, y vista la pericia de los agentes y lo que les costó abrirla resulta que debía estar abierta. Así que la abrieron, pero resulta que estaba muy alta, así que hicieron varias maniobras con el Pickup que había roto el cable y la pusieron cerca para poder subir mejor. subieron, asomaron la cabeza, y no se si incluso alguno intentó entrar. Para ese momento dieron las dos y media, y como la tele consideró más importante la rueda de prensa de Zapatero que la muerte en directo de un secuestrador y sus rehenes nosotros hicimos mutis por el foro y nos volcamos en los más prosaicos conflictos del de buena ley. Al final pasó lo esperado. Al secuestrador se le hincharon las pelotas y se lió a tiros hasta que un franco tirador le voló la cabeza. El resultado siete rehenes muertos y el franco tirador también.</p>
<p>Yo me supongo el gesto de angustia primero y de desesperación después y de dolor por último si alguno con la desgracia de tener algún familiar o amigo dentro del autobús estaba viendo el programa. Yo me supongo la indignación de todos y el bochorno de muchos. Yo me imagino lo que hubieran pensado los que estaban dentro si hubiesen sido conscientes de la enorme chapuza con que jugaron con sus vidas y las perdieron. Yo me pregunto si vistas estas y otras brillantes acciones de &#8220;rescate&#8221; en secuestros con rehenes, lo del síndrome de estocolmo es más que un mecanismo de defensa psicológica una auténtica estrategia de supervivencia. Yo me planteo si realmente en casos como estos la responsabilidad sobre las muertes es única y totalmente del secuestrador.</p>
<p>No sé pero en casos como estos te dan ganas de decir aquello de líbrame de mis rescatadores, que de mis secuestradores ya me encargo yo.</p>
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		<title>La estatua de bronce. Davis, Lindsey</title>
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		<pubDate>Tue, 24 Aug 2010 10:29:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>javier vegas</dc:creator>
				<category><![CDATA[diario]]></category>
		<category><![CDATA[historia]]></category>
		<category><![CDATA[libros]]></category>
		<category><![CDATA[narrativa]]></category>

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		<description><![CDATA[Título: La estatua de bronce.
Autor: Davis, Lindsey
Origen: 1991, Inglaterra
Edición: Edhasa. 2008, Barcelona.
ISBN: 978-84-350-1789-3
Adquisición: Lo compré en la casa del libro en julio de 2010
Terminado de leer el 23 de julio de 2010
Mi referencia : 00053-A
Comentario: Ya he ido avisando que esta serie me iba a enganchar. Empecé por algún punto cercano al final, Una venús de más, seguí por [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Título: La estatua de bronce.<br />
Autor: Davis, Lindsey<br />
Origen: 1991, Inglaterra<br />
Edición: Edhasa. 2008, Barcelona.<br />
ISBN: 978-84-350-1789-3<br />
Adquisición: Lo compré en la casa del libro en julio de 2010<br />
Terminado de leer el 23 de julio de 2010<br />
Mi referencia : 00053-A<br />
Comentario: Ya he ido avisando que esta serie me iba a enganchar. Empecé por algún punto cercano al final, <a href="http://www.arabaonline.com/2010/05/30/una-virgen-de-mas-davis-lindsey/">Una venús de más</a>, seguí por el principio, <a href="http://">La plata de Britania</a>, y ahora le ha tocado el turno a La estatua de bronce, la segunda entrega de la serie.</p>
<p>Para entrar en materia, y sin quererme repetir, diremos que la novela narra las peripecias de Marco Didio Falco, informador que hoy llamaríamos detective al servicio de Vespasiano. Dicho de otra forma, en el fondo se trata de una preciosa forma de ir conociendo la Roma Imperial en todos sus sentidos, mientras se disfruta con una narración en el más puro estilo de la novela negra sazonada con la fina ironía o humor inglés que destilan, mejor que nadie los eruditos escritores ingleses.</p>
<p>Lo cierto es que cuantas más novelas voy leyendo de esta colección más encomiable me parece como esfuerzo pedagógico, educativo y cultural. Que birllante demostración de que la historia, en el amplio sentido del término, en el de conocer la forma de vida de pueblos alejados de nosotros en el tiempo y a veces también en el espacio no tiene por qué ser aburrido, ni mucho menos. Leer las andanzas de Falco te hace aprender, como sin quererlo, las particularidades de la vida romana, de su sociedad, de su religión, de su organización política, de sus juegos y costumbres, y hasta de las peculiaridades de su vasto imperio. El foro romano se convierte en un escenario familiar, y hasta siente uno la tentación de meterse en la cocina y preparar alguno de los platos que circulan por sus páginas.</p>
<p>En esta ocasión, tras los fríos y rudecas de Britannia, nos toca transitar por la bahía de Nápoles en todo su esplendor. Poco antes de la erupción del Vesubio y cuando Pompeya, Herculano, la misma isla de Capri y los pequeños pueblos costeros eran refugio veraniego de lo más selecto de la sociedad romana, y claro está, ya se sabe, cuando se junta lo más selecto acude como por embrujo lo más granado de los vividores, parásitos, sirvientes, confabuladores, conspiradores y demás lindezas, y en medio de todos ellos Falco, con su socio su sobrino y sus familias. Estas rimeras novelas tienen además el componenete añadido a la novela negra, el relato de viajes y la novela costumbrista el de una historia de amor que envuelve al lector y le hace cómplice&#8230;</p>
<p>En fin, que yo sigo leyendo. No he encontrado aún la tercera entrega así que me he lanzado a por la décima&#8230; A no mucho tardar os hablaré de los leones de la tripolitana, o al menos eso creo&#8230;</p>
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		<title>Excursiones vitorianas (1)</title>
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		<pubDate>Fri, 20 Aug 2010 11:03:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>javier vegas</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Nada mejor para un aburrido día de agosto que ponerse el disfraz de excursionista y marchar decidido hacia la capital con la sana intención de comprobar en primera persona lo que muchos comentan sobre los agostos de Gasteiz. Así que cojo el autobús de las once, y para las once y media estoy poniendo pie [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Nada mejor para un aburrido día de agosto que ponerse el disfraz de excursionista y marchar decidido hacia la capital con la sana intención de comprobar en primera persona lo que muchos comentan sobre los agostos de Gasteiz. Así que cojo el autobús de las once, y para las once y media estoy poniendo pie en tierra en la provisionalmente eterna estación de autobuses, cuyo vestíbulo, por cierto, no llego ni a pisar.</p>
<p>Camino contemplando el artium y subo por el cantón dedicado al santo que me dio nombre (en realidad no me lo pudo dar porque estaba muerto hace ya muchos años, así que más bien se lo quitaron entre el cura y mis padres y me lo pusieron a mi y a cerca de mil alaveses allá por los años sesenta). Al llegar a la Kutxi giro a la derecha y me meto en el bi-bat. Me preguntan a ver de donde vengo, me dan un folleto que no vale para nada y me pongo a subir escaleras y evitar cubos luminosos mientras trato de descubrir las vitrinas escondidas en las paredes. Cuando encuentro por fin una grande y luminosa me acerco, pero para mi sorpresa lo que veo son las ventanas de la casa de enfrente ahí al lado, sin cortinas ni cristales tintados&#8230; Me paso por el de naipes y admiro las barajas mientras busco una en concreto que finalmente encuentro en la segunda planta, la tercera de la visita. Pregunto si hay reproducciones y me dicen que sólo de dos. Curioso porque no hace mucho compre en la feria del libro antiguo, usado y de ocasión no menos de cinco y dejé alguna sin coger, editadas por la Diputación, que conste.</p>
<p>El caso es que abandono tan singular recinto y camino kutxi arriba esquivando camiones de reparto y furgonetas varias. Gracias a dios ahora hay incluso tiendas abiertas. Hacía años que no se veía nada parecido. Llegado que soy a la esquina de Fariñas me topo con no menos de tres grupos de paseantes mapa en mano. Camino hacia el ensanche y de repente observo a un grupo de cascos blancos caminado por el tejado de San Vicente. Me parece raro que tantos arquitectos e ingenieros trabajen en agosto, así que deduzco que las visitas guiadas a los altos de la iglesia han comenzado. Evito el atropello del tren turístico y llego por fin a la plaza nueva y sus aledaños rodeado de un fluir incesante de planos atados a viajeros.</p>
<p>Por la Dato veo alguna cara conocida. Lo cierto es que con mirar a las manos ya sabes si alguien es o no vitoriano. Todo depende de si lleva plano o no. Curiosamente, entre las caras conocidas reconozco a dos de los lanzacohetes de este año, a Pedro y a Aurora. A patricia le oigo por la radio luego intuyo que también anda por aquí. ¡Esto son vitorianos y no el alcalde! me planteo, cuando de pronto veo en una terraza al alcalde en funciones y a su gerente favorito y pienso que la ciudad está gracias a dios, sabe quien, bien guardada hasta en agosto.</p>
<p>Me cuesta menos que otros años encontrar un bar abierto para tomar mi marianito de rigor y a eso de las dos me veo comiendo en plena calle, en el Neptuno, con el Pinttu, un viejo amigo y compañero de fatigas al que suelo visitar cuando excursiono por Vitoria. Buena comida, buen ambiente, buena temperatura y mejores vistas. Cuando ya no nos caben más garabatos sobre el mantel lo firmamos y damos la comida por concluida.</p>
<p>Nos despedimos, compro un libro y busco una terraza de barrio donde comenzar a leerlo. Hoy ha caido una nueva entrega de Marco Didio Falco, la décima si no me equivoco. Encuentro un sitio en la terraza del Brasilia, en la calle Pío XII, y disfruto, como debieran disfrutar los visitantes de verdad de la conversación de los jubiletas de la mesa de al lado. Muy ilustrativa, muy local y muy sabrosa.</p>
<p>Apenas tengo tiempo de dar un pequeño paseo más y vuelvo lentamente camino de la renfe. Un par de hasta luegos y otro más profundo&#8230; el tren parte hacia las lejanas tierras de Castilla y León, lejanas de Castilla y León pero incrustadas en Álava y clavadas como una espinita en el corazón (si es que lo tienen) de todos los que aspiran o dicen aspirar a solventar esta situación. Pero eso es otro tema&#8230; y esta excursión se acabó. La próxima semana más&#8230;</p>
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		<title>Estancia, etapa, paso</title>
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		<pubDate>Wed, 18 Aug 2010 11:02:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>javier vegas</dc:creator>
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		<category><![CDATA[diario]]></category>
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		<description><![CDATA[Estando como estoy inmerso en mis disgresiones veraniegas pensaba el otro día que, en lo que en relación con el viajero, más que con el turista, diferencia a unos lugares de otros es precisamente esta santísima trinidad del viaje. Como buena trinidad es un misterio, y como buen misterio es dificilmente explicable, complicadamente trasmutable y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Estando como estoy inmerso en mis disgresiones veraniegas pensaba el otro día que, en lo que en relación con el viajero, más que con el turista, diferencia a unos lugares de otros es precisamente esta santísima trinidad del viaje. Como buena trinidad es un misterio, y como buen misterio es dificilmente explicable, complicadamente trasmutable y complejamente aplicable, pero igual también que los grandes misterios insondables, para los creyentes necesariamente asumible. Más necesario que contingente, podriamos decir incluso.</p>
<p>La estancia es un destino. No necesariamente el destino, pero destino al fin al cabo en el que pasamos el grueso de nuestro viaje. Etapa es un lugar de descanso en el camino. Un destino de segundo orden. Un punto señalado pero, volviendo a la metafísica, más contingente que necesario. Paso es tan solo una parada. Un alto necesario e inevitable ya sea por razones de la propia salud o de la del vehículo, ya por azar o accidente. Los pasos rara vez se planifican, simplemente se realizan.</p>
<p>Lógicamente en esta trinidad de los viajeros, de los que les reciben todos quieren ser destinos. Así los sitios de paso aspiran a ser al menos etapas, las etapas buscan prolongar su contingencia hasta hacerse necesarias y los destinos pugnan por no perder su carácter finalista y acabar converitdos en pasos o en etapas. A veces es posible y otras no. A veces es deseable y otras no.</p>
<p>Álava es en principio tierra de paso, por más que pugne por buscar su sitio en el olimpo convirtiendo pasos y etapas en destinos. Y he ahí el peligro. Porque puede que no estemos llamados a ser destino sino a reforzar nuestro ancestral papel de etapas. Ya sea en la tan nombrada Astorga - Burdeos, ya en el camino de Santiago, ya en las rutas de Madrid a Francia, ya en los puertos secos y en las autovías hemos sidio siempre etapa, y etapa reconocida. Nuestra propia capital y muchos núcleos de la provincia lo atestiguan, y aún hoy son muchos los que guardan un buen recuerdo de nuestra tierra sin pensar tan sólo en quedarse en ella.</p>
<p>El sitio donde vivo, La Puebla de Arganzón, es ahora etapa del camino de Santiago. Como antes fue parada de Postas y como siempre ha sido un alto en el camino. Las nuevas vías nos alejan los viajeros. Los nuevos medios van reduciendo las etapas, pero al final, cuando llega la noche y el cuerpo pide tregua, la torre de la iglesia sigue siendo un reclamo al que ahora se suman rótulos, carteles y señales. Es un sitio pequeño que debe ser, como siempre fue, acogedor pero no acaparador. Un lugar en el que escuchar al viajero y darle charla si la necesita. En el que entretenerle o limitarse a respetar su descanso. En el que atenderle y en todo caso aconsejarle sobre su viaje y su destino. El hostelero es aquí y más que nunca restaurador y su trabajo es dejar listo al viajero para el viaje. No es en absoluto un trabajo menor, y así lo agradecen muchos viajeros que  nos convierten de sitio de paso en etapa de sus futuros viajes. Posiblemente no estemos preparados para ser destino, pero como antes decía, es también posible que no debamos prepararnos para ello sino para lo que estamos realmente en el camino, para ser etapa memorable y recordada, pero etapa.</p>
<p>Y esto que pasa en La Puebla pasa también a otra escala en todo el territorio. Y es que a veces el éxito no está en querer ser más de lo que somos, sino precisamente en reconocernos como lo que somos y lucirlo con orgullo y hacerlo con esmero. Así conseguiremos ser si no ya un gran destino, al menos una etapa principal, una parada de esas que se suelen considerar obligatorias y que debemos hacer que lo sea más allá de posiciones y mapas a golpe de conquistar corazones y satisfacciones, y esto no es mucho más que dar lo que nos piden y si acaso sorprender con algún extra, pero siempre sin querer cambiar en el viajero el mapa de su viaje. Que sea él mismo el que lo cambie, y si no, que vuelva de nuevo a quedarse entre nosotros mientras vuela sobre el asfalto camino de sus sueños, recogiendo de gentes como nosotros esas buenas sensaciones que antaño hacián que fuese más entretenido viajar que llegar.</p>
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		<title>Vitoria una ciudad temática.</title>
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		<pubDate>Tue, 17 Aug 2010 10:48:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>javier vegas</dc:creator>
				<category><![CDATA[Gasteiz]]></category>
		<category><![CDATA[diario]]></category>
		<category><![CDATA[ocurrencias varias]]></category>
		<category><![CDATA[presencia en medios]]></category>

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		<description><![CDATA[Publicada en Diario de Noticias de Álava el 25 de agosto de 2010
Me cuentan los viajeros que alcanzan La Puebla desde Vitoria que la ciudad está un poco bipolarizada. Mientras los barrios se despueblan y tomar un café se convierte en un juego de turismo de aventura, el histórico centro se puebla de turistas y encontrar [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Publicada en Diario de Noticias de Álava el 25 de agosto de 2010</p>
<p>Me cuentan los viajeros que alcanzan La Puebla desde Vitoria que la ciudad está un poco bipolarizada. Mientras los barrios se despueblan y tomar un café se convierte en un juego de turismo de aventura, el histórico centro se puebla de turistas y encontrar un vitoriano se convierte así mismo en un deporte de aventura. A mi como me han cerrado mis sitios de referencia y tengo cosas que hacer aquí cerca de casa se me han traspapelado un par de excursiones y ni despueblo barrios ni visito centros. Todo se andará&#8230;</p>
<p>De los vitorianos puramente residentes algunos están a la vera del mar, protector solar en ristre y lorza traicionera en faltriquera. Otros traspasan fronteras y visitan ciudades grandes o pequeñas que acabarán a buen seguro conociendo incluso mejor que la suya, la nuestra. Muchos retoman su origen propio o el de sus ancestros y reocupan su casa solariega. Como diríamos los vascos, vuelven de nuevo a la casa del padre, la que siempre está en pie aunque se arruine; la que es objeto del deseo cuando de herencias se trata y lacra abominable cuando llegan las cuentas de las obras. En Vitoria quedarán, como de costumbre, los del cuerpo de guardia. Los encargados de encender y apagar las luces, poner las calles o restaurarlas y sobre todo, atender a los turistas.</p>
<p>Hablando de los turistas, y de la tendencia prófuga de los indígenas, no estaría mal que el ayuntamiento tomase cartas en el asunto. Si sumamos la crisis y el paro, con lo que supone de sobreoferta de mano de obra, con la necesidad de ofrecer a los visitantes una ciudad viva (esto es, con gente), y la necesidad de reducir la eventualidad de su presencia (la de la gente), un buen proyecto sería el de contar con una plantilla mínima de vitorianos visitables. Habría que definir primero nuestros objetivos. ¿Qué ciudad queremos vender? ¿Una ciudad joven y multicultural? ¿Una ciudad vetusta y medieval? ¿Una ciudad verde, roja y blanca o sólo verde? ¿Una ciudad roja&#8230; y gualda? ¿Una ciudad moderna y alternativa? ¿o todas a la vez? En base a ello habría que hacer el casting, y distribuir papeles, adecuar vestuarios, atrezzo y peinados. Estudiar incluso la posibilidad de crear días, zonas o franjas horarias temáticas, e incluso, para grandes grupos, diseñar una ciudad a la carta.</p>
<p>Aseguraríamos entonces una ciudad siempre viva y totalmente maleable, además de reducir el desempleo y favorecer la socialización. Estas y no otras más plausibles pero menos ingeniosas son las ideas que valen su peso en oro, aunque lo cierto es que como valen tanto pesan mucho y al final siempre se hunden&#8230; ¡así es como va esto del progreso!</p>
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