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	<title>arabaonline &#187; Herrian</title>
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		<title>Las fuentes del recuerdo. Datos de interés</title>
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		<pubDate>Mon, 30 Jan 2012 18:52:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>javier vegas</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Publicado en el número 12  la revista Herrian de la Asociación de Concejos de Álava &#8211; Arabako Kontseju Elkartea
Según indica Diputación Foral a través de su web, en Álava existen inventariados a fecha de hoy más de mil fuentes y manantiales. Desgraciadamente menos de un centenar ofrecen agua que pueda considerarse apta para el consumo. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Publicado en el número 12  la revista <a href="http://www.acoa-ake.org/sitio/detalle_noticia.php?noticia_id=84&amp;PHPSESSID=i3jj5icevrusfald83p15vivc3">Herrian</a> de la <a href="http://www.acoa-ake.org/sitio/index.php">Asociación de Concejos de Álava</a> &#8211; <a href="http://www.acoa-ake.org/sitio/index.php?idioma=len2">Arabako Kontseju Elkartea</a></p>
<p>Según indica Diputación Foral a través de su web, en Álava existen inventariados a fecha de hoy más de mil fuentes y manantiales. Desgraciadamente menos de un centenar ofrecen agua que pueda considerarse apta para el consumo. Además de por su número, las fuentes alaveses fueron en su día apreciadas por la variedad de sus aguas, ya que si bien la mayoría de ellas surten aguas duras, con mucha cal, existen algunas singulares como las fuentes de agua salada, las ferruginosas y las sulfurosas.</p>
<p>Las aguas ferruginosas se encuentran principalmente en las estribaciones del Gorbea, y son fácilmente reconocibles por el color rojizo con el que tiñen lo que encuentran a su paso.</p>
<p>Las sulfurosas son también fácilmente reconocibles, y no precisamente por su color. Acercarse a uno de esos manantiales es una experiencia que no se olvida fácilmente, más aún si vas obligado por alguien que insiste en las benéficas propiedades de ese caldo con olor a huevos podridos. Tal como se indica en la misma web foral a que hacíamos referencia, este olor es causado por la presencia de ácido sulfídrico que proviene de la presencia de materia orgánica y minerales (pirita) en al acuífero.</p>
<p>Curiosidades al margen, podemos distinguir varios tipos de fuentes. Las de montaña, manantiales naturales que eran cuidados y acondicionados por montañeros y pastores; las de pueblo, que cubrían las necesidades de los vecinos antes de que el agua llegase directamente a las casas, y que generalmente estaban asociadas a lavaderos o abrevaderos; las singulares, que constituían un punto de destino bien por la calidad de sus aguas, bien por la de su entorno y finalmente estas en las que nos hemos querido centrar hoy. Las fuentes que, al pie mismo de la carretera constituían un embrión de lo que hoy llamaríamos Áreas de descanso. He citado la del puerto de Vitoria, pero singularmente importante fue la conocida como fuente de la provincia, en las inmediaciones de Gazeo. En aquellos veranos en que la vieja nacional uno era la mitad de lo es ahora, en que los coches se calentaban por dentro y por fuera, y en que los viajes, hasta los que ahora nos parecen paseos, se contaban por horas y hasta por días, aquellos espacios eran un reposo para máquinas y hombres que hoy hemos ido sustituyendo por cafeterías y bares. Ya apenas se ven en las carreteras aquellas viejas señales que indicaban al viajero la presencia de una fuente, y hacen bien, porque como hemos indicado, la más de las veces el agua que nos ofrecen (si es que existe aún) no es potable.</p>
<p>Como siempre os indicamos, si tenéis sugerencias, datos o cuestiones podéis dirigirlas a elbauldelosolvidos.herrian@gmail.com</p>
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		<title>Las fuentes del recuerdo</title>
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		<pubDate>Sun, 29 Jan 2012 18:47:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>javier vegas</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Publicado en el número 12  la revista Herrian de la Asociación de Concejos de Álava &#8211; Arabako Kontseju Elkartea
Hace años las fuentes eran algo más que una herida abierta por la que la tierra sangraba agua. Eran un alto en el camino y hasta incluso un punto de destino. Más aún en un territorio como [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Publicado en el número 12  la revista <a href="http://www.acoa-ake.org/sitio/detalle_noticia.php?noticia_id=84&amp;PHPSESSID=i3jj5icevrusfald83p15vivc3">Herrian</a> de la <a href="http://www.acoa-ake.org/sitio/index.php">Asociación de Concejos de Álava</a> &#8211; <a href="http://www.acoa-ake.org/sitio/index.php?idioma=len2">Arabako Kontseju Elkartea</a></p>
<p>Hace años las fuentes eran algo más que una herida abierta por la que la tierra sangraba agua. Eran un alto en el camino y hasta incluso un punto de destino. Más aún en un territorio como el nuestro que duerme desde hace miles de años sobre una enorme balsa de agua. Las fuentes las encontrábamos en nuestras matinales montañeras, en nuestras “meriendacenas” domingueras e incluso al pie de nuestras carreteras.</p>
<p>Las fuentes de montaña solían ser toscas, incluso artesanales, pero hubo un tiempo en que las fuentes de carretera eran algo más que un chorro de agua. Eran un espacio bien cuidado que invitaba a hacer un alto en el camino. Entonces se viajaba sin prisa y con frecuentes pausas. Si no era el niño que se mareaba era el vetusto seiscientos que se recalentaba, y si no alguna ocurrencia como la que yo siempre recordaré de mi abuelo y de la fuente que aún existe a los pies del puerto de Vitoria, camino de Uzkiano y de las Ventas de Armentia.</p>
<p>En aquellos viajes de fin de semana (en horario de mañana o tarde) con los que uno iba descubriendo que Vitoria no estaba sola en el planeta y que en torno suyo se desplegaban las tierras de Álava íbamos un día en coche tres generaciones de la familia. Eran aquellos tiempos anteriores al airbag y hasta al cinturón de seguridad en los que hijos padres y abuelos nos apretujábamos en el coche camino de algún sitio donde tomar el vermú, darle unas patadas al balón o simplemente correr un poco por el campo persiguiendo mariposas o cogiendo flores.</p>
<p>Tras bajar el Puerto de Vitoria, y salvado el peligro frecuente del mareo, poco antes de llegar a la fuente mi abuelo indicó tajante… “para en la fuente” Su hija, que es mi made, su mujer que era mi abuela, hasta mi padre que era quien conducía se mostraron preocupados. ¿Qué le pasa, se marea? Para, para, indicó sin dar más explicaciones. Detenido el viejo Break, el abuelo cogió de la guantera uno de esos vasos que siempre se llevaban en los coches (precisamente para usarlos en las fuentes) No recuerdo si era el metálico o uno de esos otros que se guardaban en una cajita y se desplegaban como por arte de magia. Se bajó del coche, sacó de su bolsillo la cartera y de ella el peine, llenó el vaso de agua, metió en ella el peine y ya con la cabeza bien peinada volvió al coche se sentó y dijo, ya podemos seguir.</p>
<p>No se como se llama esa fuente. Para mí siempre será la fuente del peine. Hace tiempo que no paso por allí, pero cuando veo una fuente con su cartel de no potable, o los restos de lo que fue una fuente ahora seca, ya sea en Landa, en Azázeta en Gazeo, y en tantos y tantos lugares pienso en la de historias que cada uno tenemos en torno a aquellos manantiales. Y siento lástima de ver como a menudo ese patrimonio tan humano del que se nutren los recuerdos va cayendo mansamente en el baúl de los olvidos sin que hagamos mucho por evitarlo.</p>
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		<title>Las pesqueras, algunos datos de interés.</title>
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		<pubDate>Sun, 18 Sep 2011 16:08:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>javier vegas</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Publicado en el número 11 de la revista Herrian de la Asociación de Concejos de Álava.
Las pesqueras eran aprovechamientos hechos de forma más o menos elaborada sobre los propios ríos que permitían al hombre asegurarse una pesca efectiva. A veces se aprovechaban las presas de los molinos, a veces se construían ex profeso para surtir [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Publicado en el <a href="http:///">número 11 de la revista Herrian</a> de la <a href="http://www.acoa-ake.org/sitio/index.php">Asociación de Concejos de Álava</a>.</p>
<p>Las pesqueras eran aprovechamientos hechos de forma más o menos elaborada sobre los propios ríos que permitían al hombre asegurarse una pesca efectiva. A veces se aprovechaban las presas de los molinos, a veces se construían ex profeso para surtir ventas o posadas. De este último tipo era la que todavía puede apreciarse en parte junto a el área de descanso de la N-I que se encuentra al lado de Vitoria del boquete de La Puebla. Por la finca que queda junto al inicio del carril de entrada, y bajando al río se aprecian aún restos de las construcciones que en su día albergaron un recinto donde crecían e incluso criaban los peces que daban renombre a la venta junto a la que estaban.</p>
<p>La Venta de Lupierro estuvo habitada hasta el siglo XX, y sus últimos moradores la abandonaron a finales de los años 30. El edificio fue derruido alrededor de los años cincuenta. En un punto cercano a la venta había un vado natural sobre el Zadorra, y al otro lado del río se encontraba hace años la población de Lupierro, de la que tomó nombre la venta. El diccionario geográfico de Madoz de mediados del siglo XIX señala que la venta contaba entonces con un vecino y cuatro almas,</p>
<p>Tal como indica Micaela  Portilla en su libro sobre el camino de Santiago en Álava, “Una ruta europea Por Álava, A Compostela. Del pasó de San Adrián, al Ebro” esta venta aparece citada en el proyecto de Camino Real de Postas redactado en 1785. Se conocía entonces como la venta de “La Concha”, y marcaba el hito del último tramo antes de su llegada al término de La Puebla. En la descripción se hace referencia igualmente a una fuente, que vecinos de los lugares cercanos aún recuerdan.</p>
<p>La propia Micaela señala que la venta perteneció al Conde de Orgaz, señor de Nanclares, por lo que también fue conocida por este nombre, que es con el que figura en el mapa de Tomás López de la segunda mitad del siglo XVIII.</p>
<p>La venta debía dar un buen servicio, pues como tal es señalada por diversos viajeros que surcaron nuestras tierras. En 1776 el viajero inglés Henry Swinburne dice de ella que no escatimaron ”alabanzas al gusto con el que se vestían las hijas del patrón, a su urbanidad y a la limpieza que se advertía en toda la casa”. Dos años más tarde es un francés, Jean François Peyron quien refiriéndose a ella como la venta de “Gaetano” dice de ella que “el aposento es tan agradable como la misma comida, sobre todo el pescado de agua dulce, condimentado a la usanza del país.”</p>
<p>Estos relatos y otros más de interés pueden encontrarse en el libro de Julio Cesar Santoyo Viajeros por Álava, que editó la Caja de ahorros municipal allá por 1972, pero seguro que en el baúl de los olvidos de muchos de nuestros mayores quedan muchos datos que dejar pasar a los recuerdos. Ya sabéis donde tenéis a alguien dispuesto a airearlos, solo tenéis que mandarnos vuestros comentarios a elbauldelosolvidos.herrian@gmail.com</p>
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		<title>Las pesqueras. El baúl de los olvidos</title>
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		<pubDate>Sat, 17 Sep 2011 15:58:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>javier vegas</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Publicado en el número 11 de la revista Herrian de la Asociación de Concejos de Álava.
Hace años, muchos años, tantos que ya casi lo hemos olvidado, no había cámaras frigoríficas. La única forma de comer algo fresco era matarlo. El pescado aún más. O se salaba, o se secaba con o sin humo, o si [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Publicado en el <a href="http://">número 11 de la revista Herrian</a> de la <a href="http://www.acoa-ake.org/sitio/index.php">Asociación de Concejos de Álava</a>.</p>
<p>Hace años, muchos años, tantos que ya casi lo hemos olvidado, no había cámaras frigoríficas. La única forma de comer algo fresco era matarlo. El pescado aún más. O se salaba, o se secaba con o sin humo, o si no poco más que unos días se podía mantener con la nieve de los neveros. Aún recuerdo yo de niño como circulaban por Vitoria aquellos camiones Ebro con morro largo que partiendo de la vieja fábrica de carbónicas alavesas repartían por casas y comercios su apreciado cargamento de sifones y de hielo. Hielo en grandes barras que los operarios arrastraban con un gancho, y que bien picado se metía en las cámaras de carnicerías y pescaderías. El hielo picado que lentamente se deshacía sobre el mármol de los mostradores y sobre el que dormían los pescados del día esperando un alma caritativa que los adoptase.</p>
<p>Eran todavía entonces pescados salvajes. Las piscifactorías eran apenas una industria incipiente que se limitaba mayormente a la trucha y poco más.</p>
<p>Pero antes aún de esta industria de los hielos, el ingenio hacía que en algunas ventas importantes, al abrigo de las rutas que cruzaban Álava y al amparo de los ríos que marcaban en gran parte el camino, como el Zadorra, surgieran unas originales construcciones conocidas como pesqueras.</p>
<p>El fundamento era muy sencillo. Aprovechando la propia agua del río se construía un a modo de piscina convenientemente regada con el agua que corría, y en ella se encerraban vivos a los propios peces del río. De esta forma sin tener que salir al río y armarse de paciencia y habilidad coger la caña cada vez que paraba un comensal, podía ofrecérsele de inmediato al viajero pescado fresco recién pescado.</p>
<p>Uno de estos ingenios se encontraba al amparo de la ruta que atraviesa Álava de norte a sur, el camino de postas que unía Francia con la meseta, y más concretamente en el tramo que circula entre Nanclares de la Oca y La Puebla de Arganzón. Era la venta conocida como Venta de Lupierro, aunque también fue conocida como Venta de La Concha, Venta de Orgaz, Venta de Cayetano o Venta de Ayatanes. Todo depende del dueño y del año.</p>
<p>Las referencias a la calidad del pescado son frecuentes en los relatos de los viajeros. A fin de cuentas, comer tierra adentro pescado fresco no debía ser entonces un placer frecuente, como tampoco lo es hoy comer pescado sin congelar y mucho menos pescado salvaje. A buen seguro que los dones de alguna de las venteras también hacían lo suyo en estos recuerdos, pero como aquí de lo que hablamos es de olvidos, no está de más recordar que esas ruinas que aún hoy se bañan en el Zadorra, junto a la antigua carretera Nacional, y cerca del área de descanso y de la báscula que tantos quebraderos de cabeza daba a los camioneros que atravesaban la provincia son lo que queda de una parte de nuestra historia. De esos lugares comunes que son sin embargo los que quedan en el recuerdo de las gentes que nos transitan. De esos espacios donde el ingenio humano convive con la naturaleza y se surte de lo que esta produce sin esquilmarlo ni someterlo a procedimientos antinaturales para conservarlos y disfrutarlo.</p>
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		<title>La elaboración de las sogas. El baul de los olvidos</title>
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		<pubDate>Thu, 28 Apr 2011 17:53:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>javier vegas</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Publicado en el número 10 de la revista Herrian (página 9), de la Asociación de Concejos de Álava ACOA-AKE
La confección de sogas era una tarea de esas que podemos denominar comunitaria con que se ocupaban los días de invierno en los que la nieve hacía imposible otra labor. No había profesionales dedicados expresamente a ello, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Publicado en el <a href="http://issuu.com/acoa-ake/docs/herrian_10_web">número 10 de la revista Herrian</a> (página 9), de la <a href="http://www.acoa-ake.org/sitio/index.php">Asociación de Concejos de Álava ACOA-AKE</a></p>
<p>La confección de sogas era una tarea de esas que podemos denominar comunitaria con que se ocupaban los días de invierno en los que la nieve hacía imposible otra labor. No había profesionales dedicados expresamente a ello, sino que los propios vecinos se ponían manos a la obra y con las herramientas de uno, en la cuadra del otro, con las cuerdas de alguno y con las manos de todos se sacaba adelante la labor.</p>
<p>Así lo recuerda Jesús Piñol, de La Puebla de Arganzón, quien lo vivió en su infancia y quien junto con otros vecinos realizó el pasado San Isidro una demostración práctica del proceso. Usaron los útiles de la época que aún conserva y revivieron sus recuerdos para demostrar como funcionaban.</p>
<p>“La gente se solía reunir en nuestra casa porque era larga”, nos comenta. Larga no por el número de familiares, sino en su sentido más literal, hacía falta una cuadra o un cobertizo de más de 15 metros, que solía ser uno de los largos habituales de las sogas.</p>
<p>Los útiles eran el torno, a cuyos ganchos se ataban los extremos de la cuerda que había que trenzar, el carro, por el que se pasaban juntas y el husillo, la pieza que servía de guía a los cabos que iban a ser trenzados.</p>
<p>La materia prima eran trozos de cuerda de unos 70 cm que procedían a menudo de las cuerdas que ataban las gavillas de cereal y que se cortaban para la trilla. Una vez eliminados los nudos (era lo único que no servía) las cuerdas se enlazaban formando guías de algo más del doble del largo de soga que se deseaba obtener (era habitual hacer sogas de unos 15 metros).</p>
<p>Cuando las cuerdas estaban preparadas se ataba uno de sus cabos a uno de los ganchos del torno y, pasando por el gancho del carro se ataba el otro a otro gancho del torno. Según se quisiese hacer una soga más o menos fuerte, de más o menos calibre, se añadían más cuerdas a los ganchos el torno.</p>
<p>Llegaba entonces el momento de tensar la guía, colocar el husillo haciendo pasar las cuerdas por sus acanaladuras, y comenzar a dar vueltas al torno y a la manivela del carro. El trenzado hacía que el carro avanzase hacia el torno, que se fijaba a algún punto fijo. El soguero iba caminando hacia atrás manejando el husillo hasta que la cuerda quedaba completamente trenzada. De ahí viene la expresión que recogen algunos de “ir p’atrás como el soguero”.</p>
<p>Cuerda a cuerda el trabajo iba avanzando y llenando los días de invierno. Las sogas así trenzadas servirían más adelante para guías de las caballerías, para asegurar las cargas de los carros, de mies o de leña, para tirantes, ramalillos y puede que en verano, hasta para algún columpio junto al río.</p>
<p>Todo un ejemplo de esas tareas que además de ser útiles crean lazos de comunidad y hacen aprovechable lo que de otra manera tiraríamos. Y como aquí de lo que se trata es de rescatar olvidos, vaya nuestro reconocimiento a Jesús, y a los vecinos de La Puebla que nos dejaron su testimonio y su demostración para el recuerdo.</p>
<p>Ya sabéis que nos tenéis a vuestra disposición para recuperar oficios, tradiciones, ocupaciones y también fiestas y costumbres. Queremos seguir vaciando con vosotros el baúl de los olvidos.</p>
<p><a href="mailto:elbauldelosolvidos.herrian@gmail.com">elbauldelosolvidos.herrian@gmail.com</a></p>
<p>Nota: El artíoculo está ilustrado con varias fotografías que podeis <a href="http://issuu.com/acoa-ake/docs/herrian_10_web">ver en la publicación on line</a>.</p>
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		<title>Los sogueros. El baul de los olvidos</title>
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		<pubDate>Wed, 27 Apr 2011 17:39:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>javier vegas</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Publicado en el número 10 de la revista Herrian (página 8), de la Asociación de Concejos de Álava (ACOA-AKE)
Hubo un tiempo en el que no había tiempos muertos. La gente entendía de cestos y hasta los hacía aunque nadie hubiese inventado aún el baloncesto. El tiempo, sobre todo en el campo, era el que repartía [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Publicado en el <a href="http://issuu.com/acoa-ake/docs/herrian_10_web">número 10 de la revista Herrian</a> (página 8), de la <a href="http://www.acoa-ake.org/sitio/index.php">Asociación de Concejos de Álava (ACOA-AKE)</a></p>
<p>Hubo un tiempo en el que no había tiempos muertos. La gente entendía de cestos y hasta los hacía aunque nadie hubiese inventado aún el baloncesto. El tiempo, sobre todo en el campo, era el que repartía las tareas, y los ocios eran escasos. Siempre aparecía alguna labor con la que aprovecharlos.</p>
<p>Los duros inviernos tampoco detenían las tareas y solo algunos meteoros excepcionales, como las nevadas, obligaban a las familias y a los vecinos a refugiarse en sus casas. ¿Tiempo de descanso entonces? No. Como ya hemos dicho, siempre había algo que hacer o siempre se podía hacer algo más útil que ver la tele o navegar por Internet, que no digo yo que no sea útil. Pero si entonces no había casi ni luz, de estas modernidades ya ni hablamos.</p>
<p>Una de estas ocupaciones era la elaboración de sogas. En sitios como La Puebla de Arganzón no existía lo que específicamente pudiésemos denominar “sogueros”. En los días en los que la nieve impedía salir al campo, los vecinos se juntaban y se dedicaban a la elaboración de sogas. Eso que ahora compramos por metros y a lo que apenas damos importancia se hacía a mano y se empleaban para ello pequeños trozos de cuerda que hoy tiraríamos sin pensarlo.</p>
<p>Y es que cierto que por aquel entonces, y no hablo de mucho más que de cincuenta o sesenta años atrás, las cuerdas se usaban para todo, o para casi todo, y como todo lo que se usa, se empleaba una vez y otra, y cuando dejaba de servir se convertía en materia prima y vuelta a empezar. Las cuerdas que ataban las gavillas no iban al fuego, en los días de invierno en que nada mejor se podía hacer volvían a ser útiles gracias al trabajo de los sogueros, quienes las convertían en sogas para el ganado, para los carros, para los aperos,… Sogas para todo hechas con retales de cuerda reaprovechados.</p>
<p>Tanto mirar al futuro para buscar energías sostenibles, predicar el reciclaje y rebuscar entre los sabios y los gurús las claves de una economía respetuosa con el medio ambiente y el entorno, y resulta que aquí, en el baúl de los olvidos, tenemos escondidas cosas que hoy pondríamos como modelo de buenas prácticas ambientales y productivas, como  ejemplo de reutilización de materiales y optimización de recursos y que entonces se hacían simplemente porque hacían falta, porque eran necesarias.</p>
<p>¡Qué manía tenemos de reinventar la rueda! ¡De hacer experimentos cuando solo tendríamos que deshacer olvidos y adaptar herramientas! Pero claro, eran otros tiempos, nos decimos mientras vamos a la tienda a comprar las cuerdas que nos hacen falta. Es que no tenemos tiempo, mientras estamos a resguardo dando cera a los esquís. Esto no vale la pena, cuesta más hacerlo que comprarlo, mientras vamos al contenedor con los trozos de cuerda que nos han sobrado de cualquier tarea.</p>
<p>La vida del campo que descansa en el baúl de los olvidos tiene mucho que enseñarnos.</p>
<p><em>Nota: El artículo está ilustrado con imágenes del proceso de elaboración de las sogas que puedes ver en la <a href="http://http://issuu.com/acoa-ake/docs/herrian_10_web">publicación on line</a>.</em></p>
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		<title>El baul de los olvidos. El servicio de bagajes</title>
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		<pubDate>Mon, 10 Jan 2011 19:27:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>javier vegas</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Publicado en el número 9 de la revista de la asociación de concejos de Álava (ACOA &#8211; AKE), Herrian
Investigando el periodo republicano en el archivo Municipal de La Puebla de Arganzón, cayó en mis manos un curioso expediente que despertó mi curiosidad. Sobre la carpeta un papel escrito a mano rezaba “Bagajero”. Recorriendo su interior [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Publicado en el número 9 de la revista de la <a href="http://www.acoa-ake.org/sitio/index.php">asociación de concejos de Álava (ACOA &#8211; AKE)</a>, Herrian</p>
<p>Investigando el periodo republicano en el archivo Municipal de La Puebla de Arganzón, cayó en mis manos un curioso expediente que despertó mi curiosidad. Sobre la carpeta un papel escrito a mano rezaba “Bagajero”. Recorriendo su interior resultaba que, allá por febrero de 1935 se informaba al ayuntamiento de que no había sido cubierto el servicio de bagajes en ese cantón tras quedar dos veces desierta la subasta, por lo que se instaba al ayuntamiento a designar al encargado o asumir directamente el servicio. Se indicaba el nombre del anterior titular así como el precio que se pagaba por el servicio, 750 pesetas de las de entonces al año. En apenas unos días el municipio responde dando el nombre del nuevo encargado, un empleado del ayuntamiento, y consignando la misma retribución. El 21 de marzo del año siguiente, 1936, decide el ayuntamiento prolongar la concesión del servicio al mismo titular.</p>
<p>No aparece más documentación que un escrito que demuestra cómo, en esto de baúles de los olvidos, la administración ha sido siempre ejemplar. El ayuntamiento se dirige a la diputación, es este caso de Burgos, a petición del concesionario del servicio de bagajes. El caso es que, según se desprende del escrito, cuando el buen hombre se presentó a cobrar los gastos correspondientes al año 1939 “Se le ha dicho no se pagan por esa Excma Diputación Provincial”. El documento añade… “Sí es cierto, que durante dicho año, se han expedido cartas de bagajes por los gobernadores civiles y él ha socorrido y pagado”, y concluye que “en esta Alcaldía no se tiene conocimiento al presente de la Supresión de este servicio; tampoco se ha ocupado de ello, puesto que por la tácita, le han venido satisfacciendo hasta el año 1938 inclusive.”</p>
<p>No sabemos si el buen paisano acabó cobrando o no, ni si el servicio había sido en efecto anulado o simplemente había caído en el olvido. Lo cierto es que el servicio de bagajes fue un auténtico quebradero de cabeza para nuestros pueblos, especialmente para aquellos que se encontraban en rutas frecuentemente transitadas, y en Álava sabemos mucho de eso. Ya en 1847, Joaquín Escriche, en su “Diccionario Razonado de legislación y jurisprudencia” indicaba que “el servicio de bagajes, en la forma en que se halla establecido, es un gravamen desigual, porque pesa principalmente sobre los pueblos de tránsito; y es injusto y ruinoso a la agricultura y al comercio, porque casi no recae sino sobre los colonos, pequeños labradores y los trajineros, quienes frecuentemente pierden en él sus caballerías o ganados y quedan reducidos a la indigencia”</p>
<p>El Servicio de Bagajes es desde su origen una institución vinculada al estamento militar. Manuel Ortiz de Zuñiga, en su “Libro de los alcaldes y ayuntamientos” de 1841 escribe al respecto que “Siendo este servicio una carga concejil, establecida para facilitar el transporte de equipajes y demás efectos en las marchas, se hallan obligados todos los vecinos de los pueblos a proveer de bagajes a tropas”. Habida cuenta de los numerosos conflictos militares con los consiguientes movimientos de tropas sobre las mismas rutas, y la consiguiente carga excesiva para particulares y municipios cada vez era más complejo regular su prestación. Además, aparte de los auxilios en periodos de guerra, el servicio de bagajes debía atender a militares en transito, a postillones y correos, a los conductores de caudales públicos y a los asentistas de víveres y provisiones en determinadas condiciones. Así no es extraño que en un primer momento se admitiese que los ayuntamientos eximiesen al común de sus administrados de tan “gravoso servicio” contratándolo con algún particular o empresa, práctica que ya se consideraba conveniente que se generalizase allá por 1847, lo que en efecto fue ocurriendo y que tiene su reflejo en diferentes Reales Órdenes, como las de 1857 y 1860. El caso es que según parece o el precio era muy ajustado, o el trabajo muy ingrato. Así lo demuestra la frecuencia con que numerosos ayuntamientos, incluido el de La Puebla de Arganzón, se enfrentaban a subastas desiertas y tenían que asignar el servicio a alguno de sus empleados.</p>
<p>Suena profética la circular que escribe el Director General de Administración del Ministerio de la Gobernación, Miguel Cueyas un 20 de mayo de 1936. “Es tan antigua la legislación que regula el servicio de bagajes que en muchos casos resulta prácticamente inaplicable, si han de utilizarse los modernos medios de locomoción. Por esto se echa de menos una disposición que recoja la realidad actual y reglamente para lo sucesivo la prestación de este servicio.” Proponía el director la apertura de un plazo para la presentación de iniciativas y soluciones, pero desgraciadamente otros ya tenían planes para los años siguientes. El servicio de bagajes, visto lo visto, fue una víctima más de aquellos años de barbarie.</p>
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		<title>El baul de los olvidos. Declaración de intenciones.</title>
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		<pubDate>Sun, 09 Jan 2011 19:20:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>javier vegas</dc:creator>
				<category><![CDATA[Herrian]]></category>
		<category><![CDATA[presencia en medios]]></category>

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		<description><![CDATA[Publicado en el número 9 de la revista de la asociación de concejos de Álava (ACOA -AKE) Herrian
Tras una primera vuelta por las tierras de Álava que dimos por concluida en el número anterior de Herrian, y que no renunciamos a retomar pasado algún tiempo, vamos ahora a abrir un nuevo rincón. Le hemos llamado, con permiso [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Publicado en el número 9 de la revista de la <a href="http://www.acoa-ake.org/sitio/index.php">asociación de concejos de Álava (ACOA -AKE)</a> Herrian</p>
<p>Tras una primera vuelta por las tierras de Álava que dimos por concluida en el número anterior de Herrian, y que no renunciamos a retomar pasado algún tiempo, vamos ahora a abrir un nuevo rincón. Le hemos llamado, con permiso de Karina, El baúl de los olvidos. Y queremos dedicarlo a recuperar para nuestra memoria tantas y tantas cosas que van quedando en el olvido según pasan los años y desaparecen los que las recuerdan.</p>
<p>Hablamos de oficios, de tradiciones, de las señales que de nuestra tierra dejaron por el mundo los que partieron de ella. Palabras que los jóvenes desconocen pero que encierran retazos de nuestra historia y, lo que es más importante, de la vida de los que antes de nosotros vivieron en el territorio que nosotros habitamos.</p>
<p>Algunas de estas realidades que van camino del olvido podemos recuperarlas hurgando entre papeles, rastreando archivos y legajos. Pero nos parece más importante repartirnos el trabajo. Queremos invitaros a trasladarnos vuestros recuerdos e inquietudes. Queremos que compartáis esos oficios de los que hablan o hablaron los mayores; esas tradiciones que ya nadie celebra; esos señales de presencias antiguas de nuestra gente por el mundo.</p>
<p>Hoy arrancamos escribiendo sobre el servicio de bagajes, pero escribiremos también sobre sogueros, sobre diputados de calle, sobre arbitrios, sobre cargos y oficios que ocupaban a nuestros mayores. Visitaremos pueblos que llevan nombres que, aunque transformados por el tiempo y hasta el olvido de su origen, son, sin embargo, perfectamente reconocibles para nosotros.</p>
<p>Pero eso lo haremos sólo para iros dando tiempo. Tiempo para que venzáis la pereza y nos mandéis un simple correo electrónico. Si no domináis el teclado siempre tendréis un hijo, un nieto o un sobrino a mano. Y si no, siempre tendréis la mano para escribirnos como siempre, con la pluma y con el boli.</p>
<p>Nosotros nos comprometemos a investigar el tema, a recopilar información, ordenarla y contárosla a todos para que cada vez que abramos este baúl de los olvidos, nuestros recuerdos tengan un nuevo amigo que sumar, y nuestra historia, la pequeña historia que debiera escribirse con mayúsculas porque es la historia viva de la gente que vivió, crecerá con aquellos olvidos recuperados.</p>
<p>Recordad, podéis enviarnos vuestras sugerencias, historias o inquietudes por correo electrónico a elbauldelosolvidos.herrian@gmail.com o por correo convencional a</p>
<p>ACOA – AKE</p>
<p>El baúl de los olvidos, revista Herrian</p>
<p>Casa de Juntas de Elorriaga, 9</p>
<p>01192</p>
<p>Elorriaga (Álava)</p>
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		<title>Rincones semiocultos, Vitoria, algunos datos de interés</title>
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		<pubDate>Mon, 20 Sep 2010 07:51:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>javier vegas</dc:creator>
				<category><![CDATA[Herrian]]></category>
		<category><![CDATA[diario]]></category>
		<category><![CDATA[presencia en medios]]></category>

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		<description><![CDATA[Publicado en el número 8 de la Revista Herrian de la Asociación de concejos de álava
A lo largo de esta colección hemos ido pasando por las distintas cuadrillas alavesas incluida la octava cuadrilla, la del pendón vacío y el agujero en el logo. Hemos visitado San Pelayo en Añana, Itaida y los petroleros en Salvatierra, Aramaiona [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Publicado en el número 8 de la Revista <a href="http://www.acoa-ake.org/sitio/revistas.php">Herrian</a> de la Asociación de concejos de álava</p>
<p>A lo largo de esta colección hemos ido pasando por las distintas cuadrillas alavesas incluida la octava cuadrilla, la del pendón vacío y el agujero en el logo. Hemos visitado San Pelayo en Añana, Itaida y los petroleros en Salvatierra, Aramaiona en Zuya, los dólmenes en Rioja Alavesa, Roitegi en Campezo, San Martín de Galvarín en el enclave y Retes de Tuedela en Aiala. Con esta dedicada a Vitoria terminamos el ciclo.</p>
<p> </p>
<p>El molino de Legardagutxi se encuentra en el término de Lermanda, población que allá por la primera mitad del siglo XIX contaba con unos cincuenta habitantes. Se puede acceder fácilmente continuando por la pista que circunda la depuradora de Crispijana pasando por debajo de la actual A-1 y bordeando la finca hasta llegar a las visibles ruinas del edificio situadas junto a la vegetación que bordea el Zadorra. Se encuentra en el término de Legardagutxi, despoblado que fue tal como recoge Guereñu en su relación de despoblados alaveses, y que es conocido básicamente por su molino,  fotografíado por el propio Guereñu, Pintado por Eulate allá por 1952 y, sobre todo por la canción que le dedicó Donnay, Don Alfredo. Tan popular es el molino que incluso le ha arrebatado el título, que para muchos dejó de ser “los molineros ancianos” y pasó a ser simplemente la del molino de Legardagutxi.</p>
<p> </p>
<p>Tal como nos indica Carlos Martín Jimenez en su artículo sobre los viejos molinos alalveses publicado en el número 536 del boletín electrónico de Eusko Ikaskuntza EuskoNews, el molino aparece ya documentado en el siglo XVI como perteneciente al convento de Santa Catalina de Badaya, bajo cuya propiedad continuó hasta la desamortización de 1818. Sus nuevos propietarios lo arrendaron a Tomas Castillo al menos desde 1830, a quien sucedió su hijo Tomás quien fue a su vez sucedido por Miguel Castillo, el anciano molinero que casado con Justa Ruiz de Arcaute, nacida en Lopidana, tuvo al menos una hija de nombre Micaela cuya hija, Carmen Martinez Castillo era la nieta a quien los ancianos molineros adoraban. Estas y muchas más informaciones sobre Donnay, sus canciones, libros y vida pueden consultarse en el bonito sitio web alfredodonnay.com.</p>
<p> </p>
<p>Legardagutxi es también conocida por las cerámicas de origen medieval que fueron encontradas en los restos de su despoblado, y sobre las que pueden encontrarse entre otras las publicaciones de Paquita Saénz de Urturi y Ainhoa Dominguez</p>
<p> </p>
<p>En relación con el Zadorra, antes, durante y después de su paso por Vitoria son numerosas las obras de referencia y los testimonios gráficos. Por destacar un par de ellos citaremos el libro que editó la Diputación Foral con motivo del 50 aniversario de los embalses del Zadorra. Con fotos actuales de Quintas y de archivo procedentes de la colección de Gerardo López de Guereñu y textos de Jose Ignacio Vegas y Francisco Góngora el libro, de gran formato ofrece una visión en clave de presente, pasado y futuro sobre el río y sus riberas desde la belleza, la evocación y la creatividad. Una visión más metódica y documentada podemos encontrarla en el trabajo de Victor Peñas “El paisaje fluvial del río Zadorra a través de las imágenes”.</p>
<p> </p>
<p>Para pedir más información o para compartir la que tenéis, estoy a vuestra disposición en javivegas@arabaonline.com.</p>
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		<title>Rincones semiocultos. Vitoria es algo más que Gasteiz.</title>
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		<pubDate>Sun, 19 Sep 2010 10:51:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>javier vegas</dc:creator>
				<category><![CDATA[Herrian]]></category>
		<category><![CDATA[diario]]></category>
		<category><![CDATA[presencia en medios]]></category>

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		<description><![CDATA[Publicado en el número 8 de la revista Herrian, de la Asociación de Concejos de Álava
Cuando inició su andadura Herrian, empezó también esta sección. En cada número hemos ido, cuadrilla a cuadrilla, dedicando un par de páginas a esos rincones semiocultos que pueblan nuestras tierras y escapan a menudo de guías, mapas y visitas. Le [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Publicado en el número 8 de la revista <a href="http://www.acoa-ake.org/sitio/revistas.php">Herrian</a>, de la <a href="http://www.acoa-ake.org/sitio/index.php?idioma=len1">Asociación de Concejos de Álava</a></p>
<p>Cuando inició su andadura Herrian, empezó también esta sección. En cada número hemos ido, cuadrilla a cuadrilla, dedicando un par de páginas a esos rincones semiocultos que pueblan nuestras tierras y escapan a menudo de guías, mapas y visitas. Le llega ahora el turno a la Cuadrilla de Vitoria, al municipio de Vitoria y a su capital, Gasteiz. Y si en otras cuadrillas no es fácil el empeño, no lo iba a ser menos en esta que, además de cobijar a la mayor parte de la población alavesa, ocupa casi tanta extensión como todo el enclave de Treviño y cuenta, además del núcleo urbano, con unos sesenta pueblos habitados.</p>
<p> </p>
<p>Por otra parte, una sección llamada como ésta, Rincones semiocultos, y ambientada en Álava, no podía tener mejor final que el viejo y humilde molino de Legardagutxi, ese que se halla “en un rincón semioculto de la campiña alavesa” y que ofrecía no hace tanto tiempo una estampa de “bella rusticidad” dónde muestra hoy el traspaso de poderes entre el hombre y la hiedra. Un lugar que hoy resultaría fácilmente accesible y convertible en espacio útil, didáctico y visitable, ligado incluso a la cultura del agua tan presente en la cercana depuradora de Crispijana. Un edificio que el consistorio anota como catalogado y por tanto sometido a protección pero al que sin embargo nadie defiende del olvido, las zarzas y la hiedra. A salvo su vieja piedra de moler en la plaza de Lermanda parece que a nadie importan ya los muros que la oyeron cantar, ni los espacios donde Miguel y Justa adoraban a su nieta Carmen, la hija de Micaela.</p>
<p> </p>
<p>Es poco más que otro de tantos rincones que en su día fueron vivos y van quedando más ocultos que semiocultos en las riberas del Zadorra y en las canciones de Donnay. El río aquel en el que unos molieron, otras lavaron, unos y otras se bañaron y hasta todos juntos remaron. Desde Gamarra hasta Trespuentes avanza nuestro río bañando directamente o a través de sus afluentes a todos los pueblos de Vitoria, rincones semiocultos muchos de ellos dignos cada uno por sus propios méritos y valores de una sección como esta. La bella Zurbano, la señorial Mendoza, Martioda y los escondidos Huetos. Esquivel y Subijana, Berrosteguieta, Castillo, Monasterioguren, Aberasturi, Arkaia y hasta Elorriaga por citar sólo algunos y terminar en casa del anfitrión, en el pueblo que acogió antaño a la noble Junta de Hijosdalgo y que hoy sirve de sede a la editora de estos textos, la Asociación de Concejos de Álava.</p>
<p> </p>
<p>Nadie niega que Vitoria – Gasteiz no atesore su buen repertorio de rincones. Sirva como ejemplo el rinconcito ese que encontramos nada más entrar en la Correría que nos invita a mirar hacia lo alto y tener una de las más singulares vistas de la torre de San Miguel. El angosto callejón coronado en una gran escalera, reducto último del adoquinado que no hace tanto tiempo lucían orgullosas las calles del casco viejo y que hoy queda relegado a estas pequeñas “reservas”. El muro blasonado de la casa de Pedro López de Ayala, Conde de Salvatierra, y más recientemente, las mesas y las sillas de un remozado establecimiento ofrecen un marco incomparable para tomarse una “consumición con vistas”. Pero más allá de estos rincones interiores, lo que Vitoria debiera hacer es invitar a sus ciudadanos a no quedarse dentro del anillo verde, saltarlo y disfrutarlo desde fuera, desde ese mundo tan próximo y a veces tan lejano que son los pueblos de los que hablamos. Cualquiera que lo intente se dará cuenta de que para vivir experiencias vivas y concretas no siempre hace falta coger aviones o autobuses. Muchas veces están más cerca (aunque por decirlo todo, precisamente lo que no hay son autobuses).</p>
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