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	<title>arabaonline &#187; cultura</title>
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		<title>Elogio del papel</title>
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		<pubDate>Fri, 11 Nov 2011 11:14:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>javier vegas</dc:creator>
				<category><![CDATA[cultura]]></category>
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		<category><![CDATA[nuevas tecnologías]]></category>

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		<description><![CDATA[Hace años, cuando daba mis primeros pasos en el proceloso mundo del trabajo, tuve la enorme fortuna de trabajar en una empresa en la que se concentraba una gran cantidad de innovación, de desarrollo, de investigación, de motivación, de gestión solidaria del conocimiento, de incentivación del emprendizaje, de flexibilidad de horarios, de implicación colectiva en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hace años, cuando daba mis primeros pasos en el proceloso mundo del trabajo, tuve la enorme fortuna de trabajar en una empresa en la que se concentraba una gran cantidad de innovación, de desarrollo, de investigación, de motivación, de gestión solidaria del conocimiento, de incentivación del emprendizaje, de flexibilidad de horarios, de implicación colectiva en un proyecto común, etc. etc. etc. Muchas de las cosas que he citado se hacían con naturalidad, y se hacían incluso antes de saber que se llamarían así. Se tenía más cuidado en las prácticas que en las descripciones, en los hechos que en las palabras. Fue de hecho la progresiva inclusión en la plantilla de los teóricos de la organización, de los magos de las palabras (nosotros les llamábamos &#8220;los cuatrocientas&#8221; porque era más o menos lo que se llevaban como mínimo al mes) los que acabaron destrozando todo aquello que habíamos construido con sus contabilidades analíticas, técnicas avanzadas de gestión de proyectos, controles horarios, consultorías humanas y divinas, etc, etc, etc.</p>
<p>La empresa quebró en el 93 pero yo la sigo recordando por mucho de lo que entonces aprendí y que hoy, más de veinte años después, sigue siéndome de gran utilidad.</p>
<p>Una de esas cosas es mi posición escéptica, en cierto modo mitófoba pero fundamentalmente pragmática en relacion con el desarrollo tecnológico. Eran los tiempos anteriores a internet y ya se hablaba del fin del papel como soporte. Aquellos CDs, CD-is, VideoDiscos, etc, etc, empezaban a permitir a los augures del final del segundo milenio pronosticar el final de la era del papel. Parecía por momentos que la culminación del postmodernismo no era el final de la historia sino el del papel.</p>
<p>El papel blanco no sólo no descendió de consumo sino que éste se multiplicó. Cuando había que escribir a mano o a máquina se corregía, no se volvía a imprimir. Cuando no había fotocopiadoras baratas las copias se pasaban de mano en mano o de mesa en mesa, no se distribuían a cientos. Los documentos tenían entonces un aura que en cierto modo han perdido. Lo que ya avanzara Benjamín en relación con la obra de arte y la difuminación de la propia entidad del original como ente primigenio y aural se trasladó al terreno del estudio, el informe y el documento. La capacidad y facilidad de la multireproducción masiva disparó el consumo de papel y complicó la gestión de las copias.</p>
<p>Con el libro pasa algo parecido. La aparición de los soportes electrónicos tanto tiempo anunciada y tantas veces fracasada parece que por fin lleva camino de hacerse un sitio entre nosotros. No negaré su interés, pero permítaseme mantener también en este terreno mi escepticismo, mi mitofobia e incluso mi pragmatismo que resumiré en una anécdota nacida en aquellos años de aprendizaje laboral en VideoBanco &amp; Marketing (que así se llamaba la empresa de la que hablaba al principio).</p>
<p>La Biblioteca Nacional sacó a concurso la museización del libro y lo relacionado con él en un espacio interactivo y multimedia. Era uno de los últmos cartuchos que le quedaban a la empresa y todos nos volcamos en un proyecto creativo, imaginativo y hasta valiente para aquellos inicios de los años 90. Eran diversas instalaciones entre las que yo recordaré siempre una que, aún siendo tecnológicamente sencilla, y &#8220;monumentalmente&#8221; discreta, era sin embargo una máquina de hacer pensar fruto de la imaginación de Isidro Moreno, uno de los realizadores guionistas de la casa.</p>
<p>Se proponía al usuario un trabajo de investigación y desarrollo. Debía definir las especificaciones que debería tener el soporte de información del futuro a través de una serie de preguntas para las que se ofrecían varias respuestas. Eran preguntas relativas a su forma de uso, lineal, interactiva, etc. A su dependencia energética. A su durabilidad. A las condiciones de entorno necesario, a su tamaño, a su peso, a su portabilidad, a su almacenamiento, a su recuperación etc. etc. Se trataba de diseñar un soporte lo más autónomo posible, lo más usable posible, lo más interactivo posible y lo más duradero posible. ¿Sabeis cuál era el resultado? Pues que ya estaba inventado y se llamaba libro. Sin pilas, baterías, ni enchufes. Capaz de consumirse en línea o abrirse en cualquier página y en cualquier sitio. Duradero tal como lo atestiguan los incunables y hasta los textos clásicos. Fácil de llevar de aquí para allá y muchas más ventajas que podrían traerse aquí.</p>
<p>Cada vez que oigo encendidos elogios del e-book, del ipad, del tablet o del yo que sé, y miro lo efímero de las cintas de vídeo, la incógnita en la durabilidad de los CDs, la continua mutabilidad de los soportes, y hasta lo etéreo de &#8220;la nube&#8221; recuerdo aquel juego y miro con cariño y con sonrisa los kilos de papel que habitan en mi biblioteca.</p>
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		<title>Recortes culturales</title>
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		<pubDate>Mon, 17 Oct 2011 16:44:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>javier vegas</dc:creator>
				<category><![CDATA[cultura]]></category>
		<category><![CDATA[diario]]></category>

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			<content:encoded><![CDATA[<p>Al paso que vamos esto de la cultura vamos a tener que incluirlo en el capítulo de asuntos sociales. Ni los  intentos por adentrarse en el terreno aquel de las industrias culturales, ni la educación abierta, ni la cerrada, ni los mass media ni las nuevas tecnologías han conseguido que avancemos algo en esto. Se mire como se mire, y hablando de recortes, todo el mundo mira para otro lado cuando hablamos de cultura. Pero eso si, los asuntos sociales, por ejemplo, no se pueden tocar. Y me parece bien. Sólo que para mi la cultura es quizás el más social de los asuntos sociales de género humano.</p>
<p>Di que es normal que los gobernantes, mientras piensan en que recortan vayan recortando los ya de por si exiguos dineros culturales. Para que vas a gastar en algo que a la gente no le importa. Porque mira tu&#8230; pagamos subvenciones para dar conferencias y dicen que son aburridas. O sus organizadores son tan torpes que las ponen el mismo día que juega el baskonia, el alavés, la roja o cuando son las clasificatorias de fernando alonso, la copa davis o el especial de salvamé. Si se lo curran con apoyo audiovisual entonces es el tema el que no funciona. Si es un libro, que a menudo el que paga no ha leido se edita a menudo para mayor gloria, del autor más o menos recomendado y del cargo público metido a programador de eventos en los que el protagnoista es él. Si el libro es bueno entonces puede que el autor sea crítico y claro&#8230; uno no paga con lo de los demás para que encima se metan con uno. De todas las artes y las ramas del saber, una por una, podemos decir prácticamente lo mismo. Si la actividad cultural se realiza a pie de calle entonces es elitista.  Si es abastracta o conceptual es cosa de listos que sacan el dinero  para hacer lo mismo que haría un mono o el hijo del que habla, que tal y  como habla se ve que para él viene a ser lo mismo.</p>
<p>Claro y hablando de esto de los hijos ahí si que uno pierde la esperanza. Quitas una ayuda para libros, que vienen a ser cien euros y se pone todo el mundo como loco. Los que más aquellos en cuyo domicilio lo único impreso que entra son las cartas del banco, y en formato parecido a un libro los del colegio de los niños. Eso si, el marca con su cafelito no hay quien se lo quite, y al niño que no le falte la consola, el movil o el mp3 y los cincuenta pavos para el botellón del sábado a la tarde.</p>
<p>A mi los libros de texto a veces me parecen caros. Pero me lo parecen porque compro otros libros y comparo. A mi me cuesta menos quitarme dos gintonics que el placer de comprar un libro. y no es mucho más lo que hay que quitarse, pero claro&#8230; luego resulta que somos raros, muy raros, practicamente antisociales. ¿Porque no hablamos de futbol? ¡que va! si de futbol también hablamos, pero no todo el rato.</p>
<p>En fin, que cuando, como este fin de semana, asisto o participo en la organización de algún acto cultural y veo la respuesta&#8230; me entra un sentimiento contradictorio. Montar como montaron la gente de la Cohors I Gallica en La Puebla de Arganzón un despliegue de medios, soportes y espectáculo hubiera merecido mayor aprecio por parte de los que se lo perdieron. Pero fueron por desgracia mayoría. Como decía antes en estos casos me siento confundido. Por un lado me resigno a disfrutar en corta pero agradable compañía. Por otro lado no me resigno a vivir en un mundo de seres que de humanos tienen todos los vicios y pocas de las virtudes. Por el del medio, por el que se cae como el del chiste, me conformo con seguir soñando activamente con un mundo en el que las palabras sirven para algo más que para hablar&#8230;</p>
<p>Algún día nos daremos cuenta de que la cultura no es gasto, ni siquiera una inversión, la cultura es simplemente lo que nos hace humanos, en el buen sentido de la palabra. Sin cultura somos más que nunca animales tecnológicamente avanzados, pero animales al cabo, y ahí es donde los recortes, los mercados y los abusos son cuestión de fuerza más o menos delicada, más o menos sibilina. La razón siempre ha sido el eslabón más debil de la evolución&#8230; al menos aparantemente&#8230; pero yo no la descuidaría.</p>
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		<title>La exposición de Iradier no me gusta</title>
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		<pubDate>Sun, 09 Oct 2011 14:00:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>javier vegas</dc:creator>
				<category><![CDATA[cultura]]></category>
		<category><![CDATA[diario]]></category>
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		<category><![CDATA[gentes de araba]]></category>

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		<description><![CDATA[A veces hay que ser claro. Habitualmente, y más aún en las ciudades de provincias hay una especie de código de honor que obliga a todo opinante a cerrar filas en torno a lo que se hace con independencia de cómo se haga. Más aún si lo que se hace se hace a mayor gloria [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>A veces hay que ser claro. Habitualmente, y más aún en las ciudades de provincias hay una especie de código de honor que obliga a todo opinante a cerrar filas en torno a lo que se hace con independencia de cómo se haga. Más aún si lo que se hace se hace a mayor gloria de una figura local.</p>
<p>En Vitoria Gasteiz tenemos a la vista una exposición local dedicada a uno de nuestros más globales exploradores. En muchos sitios oiremos maravillas sobre la exposición. Las oiremos porque podrái parecer que criticar la exposición es criticar la figura expuesta y eso si que no. Bueno, pues yo voy a ser claro y valiente. Tanto al menos como los que desde su experiencia y convicción puedan decir que el esfuerzo expositivo es bueno; tanto como los artífices del montaje expositivo y los autores del relato en que se basa, de cuya buena intención ni puedo ni debo dudar.</p>
<p>Lo primero que diré es que, vista la exposición ni sé más ni menos en lo que al explorador se refiere. De manera que mi opinión sobre él sigue basándose en lo que de antes ya sabía. No digo yo que no se diga. digo simplemente que se dice de forma tan obtusa y poco atractiva que no he sido capacidad de leerlo.</p>
<p>Y hablando de lectura, he ahí el segundo de los puntos altamente cuestionables. Coincido y me hago sentir del sentimiento por varios expresado de que se trata básiamente de uan exposición de libros que cuenta con un gran inconveniente, que no se pueden hojear. Los libros encerrados en vitrinas no son libros. Son portadas o páginas abiertas que no se dejan tocar ni hojear.</p>
<p>Se me dirá que para eso estaban los textos. Y una vez más diré que estos eran tan extensos que invitaban a todo menos a leerse.</p>
<p>Resumirá por tanto las carencias que he observado:</p>
<p>La exposición dedicada a un aventurero debiera ser sobre todo una aventura. Esta es un despleigue de erudición bilibográfica.</p>
<p>Aún siendo la historia buena (que no lo dudo pero no lo sé porque no la entendí), la otra mitad de la clave narrativa es saber contarla, y en este caso he de decir que la exposición es pesada y aburrida.</p>
<p>Aún comprendiendo el ansia de cubrirlo todo, lo cierto es que una exposición debe ser capaz de atraer a mi hija de 9 años e interesarme a mi, su padre de 46. Ni a uno ni a otro, y he de decir para que quede claro, que la misma hija y el mismo padre hemos disfrutado en la galería de paleontología y en le museo de historia natural de París y hasta en el de ciencias naturales de Vitoria Gasteiz.</p>
<p>Una exposición no es como el pisuerga&#8230; que pasa por valladolid. Los objetos tienen que tener su significado y su significado debe estar justificado por la historia, por el relato que la exposición nos narra. La excursionista, la coral, la logia, esto parece más un catálogo que un intento de darnos a conocer a quien fue.</p>
<p>Una exposición no es un muestrario de obras completas&#8230; es más, por encima de cierto volumen y concentración, la información se convierte en ruido, y el ruido no informa, si acaso distorsiona o distrae.</p>
<p>Por otro lado todo lo anterior duele más si cabe, si tenemos en cuenta que no se trata de hablar de la vida de un aburrido inestigador de archivos, o de una gris rata de laboratorio. Yo insisto en mi caso personal, pero insisto por lo que de significativo tiene. Llevé a mi hija pensando en que se divertiría y fui yo pensando que me ilustraría&#8230; y nos fuimos los dos igual de vacíos que como entramos.</p>
<p>Alguna consulta más que he hecho sobre el particular me ha ratificado en el asunto así que me apunto desde hoy a los que pide un desagravio para quien parece tan ilustre personaje. Alguien que a buen seguro se merece que todos le conozcamos y apreciemos. Que sea para nuestros hijos un héroe como lo son muchos posiblemente con menos mértiso y vicisitudes, y para nosotros un referente&#8230;</p>
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		<title>Las pesqueras, algunos datos de interés.</title>
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		<pubDate>Sun, 18 Sep 2011 16:08:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>javier vegas</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Publicado en el número 11 de la revista Herrian de la Asociación de Concejos de Álava.
Las pesqueras eran aprovechamientos hechos de forma más o menos elaborada sobre los propios ríos que permitían al hombre asegurarse una pesca efectiva. A veces se aprovechaban las presas de los molinos, a veces se construían ex profeso para surtir [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Publicado en el <a href="http:///">número 11 de la revista Herrian</a> de la <a href="http://www.acoa-ake.org/sitio/index.php">Asociación de Concejos de Álava</a>.</p>
<p>Las pesqueras eran aprovechamientos hechos de forma más o menos elaborada sobre los propios ríos que permitían al hombre asegurarse una pesca efectiva. A veces se aprovechaban las presas de los molinos, a veces se construían ex profeso para surtir ventas o posadas. De este último tipo era la que todavía puede apreciarse en parte junto a el área de descanso de la N-I que se encuentra al lado de Vitoria del boquete de La Puebla. Por la finca que queda junto al inicio del carril de entrada, y bajando al río se aprecian aún restos de las construcciones que en su día albergaron un recinto donde crecían e incluso criaban los peces que daban renombre a la venta junto a la que estaban.</p>
<p>La Venta de Lupierro estuvo habitada hasta el siglo XX, y sus últimos moradores la abandonaron a finales de los años 30. El edificio fue derruido alrededor de los años cincuenta. En un punto cercano a la venta había un vado natural sobre el Zadorra, y al otro lado del río se encontraba hace años la población de Lupierro, de la que tomó nombre la venta. El diccionario geográfico de Madoz de mediados del siglo XIX señala que la venta contaba entonces con un vecino y cuatro almas,</p>
<p>Tal como indica Micaela  Portilla en su libro sobre el camino de Santiago en Álava, “Una ruta europea Por Álava, A Compostela. Del pasó de San Adrián, al Ebro” esta venta aparece citada en el proyecto de Camino Real de Postas redactado en 1785. Se conocía entonces como la venta de “La Concha”, y marcaba el hito del último tramo antes de su llegada al término de La Puebla. En la descripción se hace referencia igualmente a una fuente, que vecinos de los lugares cercanos aún recuerdan.</p>
<p>La propia Micaela señala que la venta perteneció al Conde de Orgaz, señor de Nanclares, por lo que también fue conocida por este nombre, que es con el que figura en el mapa de Tomás López de la segunda mitad del siglo XVIII.</p>
<p>La venta debía dar un buen servicio, pues como tal es señalada por diversos viajeros que surcaron nuestras tierras. En 1776 el viajero inglés Henry Swinburne dice de ella que no escatimaron ”alabanzas al gusto con el que se vestían las hijas del patrón, a su urbanidad y a la limpieza que se advertía en toda la casa”. Dos años más tarde es un francés, Jean François Peyron quien refiriéndose a ella como la venta de “Gaetano” dice de ella que “el aposento es tan agradable como la misma comida, sobre todo el pescado de agua dulce, condimentado a la usanza del país.”</p>
<p>Estos relatos y otros más de interés pueden encontrarse en el libro de Julio Cesar Santoyo Viajeros por Álava, que editó la Caja de ahorros municipal allá por 1972, pero seguro que en el baúl de los olvidos de muchos de nuestros mayores quedan muchos datos que dejar pasar a los recuerdos. Ya sabéis donde tenéis a alguien dispuesto a airearlos, solo tenéis que mandarnos vuestros comentarios a elbauldelosolvidos.herrian@gmail.com</p>
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		<title>Las pesqueras. El baúl de los olvidos</title>
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		<pubDate>Sat, 17 Sep 2011 15:58:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>javier vegas</dc:creator>
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		<category><![CDATA[cultura]]></category>
		<category><![CDATA[presencia en medios]]></category>

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		<description><![CDATA[Publicado en el número 11 de la revista Herrian de la Asociación de Concejos de Álava.
Hace años, muchos años, tantos que ya casi lo hemos olvidado, no había cámaras frigoríficas. La única forma de comer algo fresco era matarlo. El pescado aún más. O se salaba, o se secaba con o sin humo, o si [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Publicado en el <a href="http://">número 11 de la revista Herrian</a> de la <a href="http://www.acoa-ake.org/sitio/index.php">Asociación de Concejos de Álava</a>.</p>
<p>Hace años, muchos años, tantos que ya casi lo hemos olvidado, no había cámaras frigoríficas. La única forma de comer algo fresco era matarlo. El pescado aún más. O se salaba, o se secaba con o sin humo, o si no poco más que unos días se podía mantener con la nieve de los neveros. Aún recuerdo yo de niño como circulaban por Vitoria aquellos camiones Ebro con morro largo que partiendo de la vieja fábrica de carbónicas alavesas repartían por casas y comercios su apreciado cargamento de sifones y de hielo. Hielo en grandes barras que los operarios arrastraban con un gancho, y que bien picado se metía en las cámaras de carnicerías y pescaderías. El hielo picado que lentamente se deshacía sobre el mármol de los mostradores y sobre el que dormían los pescados del día esperando un alma caritativa que los adoptase.</p>
<p>Eran todavía entonces pescados salvajes. Las piscifactorías eran apenas una industria incipiente que se limitaba mayormente a la trucha y poco más.</p>
<p>Pero antes aún de esta industria de los hielos, el ingenio hacía que en algunas ventas importantes, al abrigo de las rutas que cruzaban Álava y al amparo de los ríos que marcaban en gran parte el camino, como el Zadorra, surgieran unas originales construcciones conocidas como pesqueras.</p>
<p>El fundamento era muy sencillo. Aprovechando la propia agua del río se construía un a modo de piscina convenientemente regada con el agua que corría, y en ella se encerraban vivos a los propios peces del río. De esta forma sin tener que salir al río y armarse de paciencia y habilidad coger la caña cada vez que paraba un comensal, podía ofrecérsele de inmediato al viajero pescado fresco recién pescado.</p>
<p>Uno de estos ingenios se encontraba al amparo de la ruta que atraviesa Álava de norte a sur, el camino de postas que unía Francia con la meseta, y más concretamente en el tramo que circula entre Nanclares de la Oca y La Puebla de Arganzón. Era la venta conocida como Venta de Lupierro, aunque también fue conocida como Venta de La Concha, Venta de Orgaz, Venta de Cayetano o Venta de Ayatanes. Todo depende del dueño y del año.</p>
<p>Las referencias a la calidad del pescado son frecuentes en los relatos de los viajeros. A fin de cuentas, comer tierra adentro pescado fresco no debía ser entonces un placer frecuente, como tampoco lo es hoy comer pescado sin congelar y mucho menos pescado salvaje. A buen seguro que los dones de alguna de las venteras también hacían lo suyo en estos recuerdos, pero como aquí de lo que hablamos es de olvidos, no está de más recordar que esas ruinas que aún hoy se bañan en el Zadorra, junto a la antigua carretera Nacional, y cerca del área de descanso y de la báscula que tantos quebraderos de cabeza daba a los camioneros que atravesaban la provincia son lo que queda de una parte de nuestra historia. De esos lugares comunes que son sin embargo los que quedan en el recuerdo de las gentes que nos transitan. De esos espacios donde el ingenio humano convive con la naturaleza y se surte de lo que esta produce sin esquilmarlo ni someterlo a procedimientos antinaturales para conservarlos y disfrutarlo.</p>
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		<title>La memoria</title>
		<link>http://www.arabaonline.com/2011/06/02/la-memoria/</link>
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		<pubDate>Thu, 02 Jun 2011 18:04:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>javier vegas</dc:creator>
				<category><![CDATA[cultura]]></category>
		<category><![CDATA[diario]]></category>

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		<description><![CDATA[La fundación Sancho el sabio ha anunciado una bonita iniciativa. Le llaman el taller para recordar. Y creo yo que bien podría llamarse el taller para descubrir, porque eso, en el sentido documental de la palabra es lo que muchas veces es bucear bucear en esa memoria externa que son los archivos.
Una bonita iniciativa porque [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La<a href="http://www.fsancho-sabio.es"> fundación Sancho el sabio </a>ha anunciado una bonita iniciativa. Le llaman el <a href="http://www.noticiasdealava.com/2011/06/02/ocio-y-cultura/sancho-el-sabio-invita-a-la-ciudadania-a-revivir-su-memoria">taller para recordar</a>. Y creo yo que bien podría llamarse el taller para descubrir, porque eso, en el sentido documental de la palabra es lo que muchas veces es bucear bucear en esa memoria externa que son los archivos.</p>
<p>Una bonita iniciativa porque es de esas iniciativas que personalmente me parecen socialmente envidiables. Se trata de quitar el miedo a los archivos y el aura demiúrgica al archivero. Se trata de enseñar a investigar, lo que además de conceder más libertad y dotar de las herramientas necesarias a la capacidad de iniciativa individual, supone, engrandecer la valoración que por el trabajo de los que se dedican de forma contínua y más o menos profesional a estos menesteres pueda tener el gran público.</p>
<p>Me gusta porque siendo una iniciativa modesta tiene sin embargo numerosos valores y plantea un amplio camino de propuestas. Pero es un primer paso. Un paso interesante en una línea de trabajo más que interesante vital, y no lo digo por el patrocinador, sino por la esencia.</p>
<p>Enseñar lo que esconden los archivos no ya de otros sino de nosotros mismos es fundamental para aprender a apreciar y valorar los documentos.</p>
<p>Demostrar como todo puede encontrarse si está bien organizado y lo inutil que es cuando está desordenado y fragmentado es invitar a los celosos de lo suyo a compartir sus fondos, a depositarlos incluso allá donde se sabe que serán bien tratados y hasta mimados.</p>
<p>Ilustrar con la propia historia que la historia no es patrimonio de los sabios, que cualquiera con el interés suficiente y la formación necesaria puede hacer sus pinitos es, en los tiempos que vivimos, conveniente y estimula el cariño por la propia comprensión y conocimiento de las cosas, algo hoy más que nunca necesario.</p>
<p>Dejar que cada uno sea el que investigue y ofrecer la ocasión de ver el tiempo y el esfuerzo que ello supone, enseña a la gente a valorar el trabajo de los historiadores y a ser más cuidados con sus valoraciones.</p>
<p>Descubrir la distancia que media entre los recuerdos mentales y los documentales es también importante para formarse una opinión más abierta de las cosas, más relativa de las grandes verdades de toda la vida que a menudo los archivos nos enseñan que ni son tan verdades ni son tan de toda la vida.</p>
<p>En fin, que no puedo sino aplaudir tan bonitia iniciativa y animar a la fundación a seguir este camino, y puestos a animar, incluso me atrevería a plantearles una iniciativa complementaria y congruente con esta. Un taller o serie de talleres a los que podríamos llamar algo así como &#8220;Del síndrome de Diógenes al archivo familiar organizado&#8221;. Soy el primero al que le encantaría organizar el montón de papeles y otras cosas que inundan los rincones de mi casa bajo el criterio peligroso de guardarlo todo para no encontrar nunca nada. Aprender a organizarlo y aprender también a fijar criterios para alimentarlo (saber qué puede tirarse y qué no), nos ayudaría no solo a todos para bien de cada uno, sino que puestos a pensar, facilitaría mucho el trabajo a los encargados de gestionarlo en caso de donaciones o &#8220;abandonos&#8221; forzados de esos que provoca la vida cuando se acaba.</p>
<p>Lo dicho, ánimo y adelante.</p>
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		<title>La elaboración de las sogas. El baul de los olvidos</title>
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		<pubDate>Thu, 28 Apr 2011 17:53:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>javier vegas</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Publicado en el número 10 de la revista Herrian (página 9), de la Asociación de Concejos de Álava ACOA-AKE
La confección de sogas era una tarea de esas que podemos denominar comunitaria con que se ocupaban los días de invierno en los que la nieve hacía imposible otra labor. No había profesionales dedicados expresamente a ello, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Publicado en el <a href="http://issuu.com/acoa-ake/docs/herrian_10_web">número 10 de la revista Herrian</a> (página 9), de la <a href="http://www.acoa-ake.org/sitio/index.php">Asociación de Concejos de Álava ACOA-AKE</a></p>
<p>La confección de sogas era una tarea de esas que podemos denominar comunitaria con que se ocupaban los días de invierno en los que la nieve hacía imposible otra labor. No había profesionales dedicados expresamente a ello, sino que los propios vecinos se ponían manos a la obra y con las herramientas de uno, en la cuadra del otro, con las cuerdas de alguno y con las manos de todos se sacaba adelante la labor.</p>
<p>Así lo recuerda Jesús Piñol, de La Puebla de Arganzón, quien lo vivió en su infancia y quien junto con otros vecinos realizó el pasado San Isidro una demostración práctica del proceso. Usaron los útiles de la época que aún conserva y revivieron sus recuerdos para demostrar como funcionaban.</p>
<p>“La gente se solía reunir en nuestra casa porque era larga”, nos comenta. Larga no por el número de familiares, sino en su sentido más literal, hacía falta una cuadra o un cobertizo de más de 15 metros, que solía ser uno de los largos habituales de las sogas.</p>
<p>Los útiles eran el torno, a cuyos ganchos se ataban los extremos de la cuerda que había que trenzar, el carro, por el que se pasaban juntas y el husillo, la pieza que servía de guía a los cabos que iban a ser trenzados.</p>
<p>La materia prima eran trozos de cuerda de unos 70 cm que procedían a menudo de las cuerdas que ataban las gavillas de cereal y que se cortaban para la trilla. Una vez eliminados los nudos (era lo único que no servía) las cuerdas se enlazaban formando guías de algo más del doble del largo de soga que se deseaba obtener (era habitual hacer sogas de unos 15 metros).</p>
<p>Cuando las cuerdas estaban preparadas se ataba uno de sus cabos a uno de los ganchos del torno y, pasando por el gancho del carro se ataba el otro a otro gancho del torno. Según se quisiese hacer una soga más o menos fuerte, de más o menos calibre, se añadían más cuerdas a los ganchos el torno.</p>
<p>Llegaba entonces el momento de tensar la guía, colocar el husillo haciendo pasar las cuerdas por sus acanaladuras, y comenzar a dar vueltas al torno y a la manivela del carro. El trenzado hacía que el carro avanzase hacia el torno, que se fijaba a algún punto fijo. El soguero iba caminando hacia atrás manejando el husillo hasta que la cuerda quedaba completamente trenzada. De ahí viene la expresión que recogen algunos de “ir p’atrás como el soguero”.</p>
<p>Cuerda a cuerda el trabajo iba avanzando y llenando los días de invierno. Las sogas así trenzadas servirían más adelante para guías de las caballerías, para asegurar las cargas de los carros, de mies o de leña, para tirantes, ramalillos y puede que en verano, hasta para algún columpio junto al río.</p>
<p>Todo un ejemplo de esas tareas que además de ser útiles crean lazos de comunidad y hacen aprovechable lo que de otra manera tiraríamos. Y como aquí de lo que se trata es de rescatar olvidos, vaya nuestro reconocimiento a Jesús, y a los vecinos de La Puebla que nos dejaron su testimonio y su demostración para el recuerdo.</p>
<p>Ya sabéis que nos tenéis a vuestra disposición para recuperar oficios, tradiciones, ocupaciones y también fiestas y costumbres. Queremos seguir vaciando con vosotros el baúl de los olvidos.</p>
<p><a href="mailto:elbauldelosolvidos.herrian@gmail.com">elbauldelosolvidos.herrian@gmail.com</a></p>
<p>Nota: El artíoculo está ilustrado con varias fotografías que podeis <a href="http://issuu.com/acoa-ake/docs/herrian_10_web">ver en la publicación on line</a>.</p>
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		<title>Los sogueros. El baul de los olvidos</title>
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		<pubDate>Wed, 27 Apr 2011 17:39:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>javier vegas</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Publicado en el número 10 de la revista Herrian (página 8), de la Asociación de Concejos de Álava (ACOA-AKE)
Hubo un tiempo en el que no había tiempos muertos. La gente entendía de cestos y hasta los hacía aunque nadie hubiese inventado aún el baloncesto. El tiempo, sobre todo en el campo, era el que repartía [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Publicado en el <a href="http://issuu.com/acoa-ake/docs/herrian_10_web">número 10 de la revista Herrian</a> (página 8), de la <a href="http://www.acoa-ake.org/sitio/index.php">Asociación de Concejos de Álava (ACOA-AKE)</a></p>
<p>Hubo un tiempo en el que no había tiempos muertos. La gente entendía de cestos y hasta los hacía aunque nadie hubiese inventado aún el baloncesto. El tiempo, sobre todo en el campo, era el que repartía las tareas, y los ocios eran escasos. Siempre aparecía alguna labor con la que aprovecharlos.</p>
<p>Los duros inviernos tampoco detenían las tareas y solo algunos meteoros excepcionales, como las nevadas, obligaban a las familias y a los vecinos a refugiarse en sus casas. ¿Tiempo de descanso entonces? No. Como ya hemos dicho, siempre había algo que hacer o siempre se podía hacer algo más útil que ver la tele o navegar por Internet, que no digo yo que no sea útil. Pero si entonces no había casi ni luz, de estas modernidades ya ni hablamos.</p>
<p>Una de estas ocupaciones era la elaboración de sogas. En sitios como La Puebla de Arganzón no existía lo que específicamente pudiésemos denominar “sogueros”. En los días en los que la nieve impedía salir al campo, los vecinos se juntaban y se dedicaban a la elaboración de sogas. Eso que ahora compramos por metros y a lo que apenas damos importancia se hacía a mano y se empleaban para ello pequeños trozos de cuerda que hoy tiraríamos sin pensarlo.</p>
<p>Y es que cierto que por aquel entonces, y no hablo de mucho más que de cincuenta o sesenta años atrás, las cuerdas se usaban para todo, o para casi todo, y como todo lo que se usa, se empleaba una vez y otra, y cuando dejaba de servir se convertía en materia prima y vuelta a empezar. Las cuerdas que ataban las gavillas no iban al fuego, en los días de invierno en que nada mejor se podía hacer volvían a ser útiles gracias al trabajo de los sogueros, quienes las convertían en sogas para el ganado, para los carros, para los aperos,… Sogas para todo hechas con retales de cuerda reaprovechados.</p>
<p>Tanto mirar al futuro para buscar energías sostenibles, predicar el reciclaje y rebuscar entre los sabios y los gurús las claves de una economía respetuosa con el medio ambiente y el entorno, y resulta que aquí, en el baúl de los olvidos, tenemos escondidas cosas que hoy pondríamos como modelo de buenas prácticas ambientales y productivas, como  ejemplo de reutilización de materiales y optimización de recursos y que entonces se hacían simplemente porque hacían falta, porque eran necesarias.</p>
<p>¡Qué manía tenemos de reinventar la rueda! ¡De hacer experimentos cuando solo tendríamos que deshacer olvidos y adaptar herramientas! Pero claro, eran otros tiempos, nos decimos mientras vamos a la tienda a comprar las cuerdas que nos hacen falta. Es que no tenemos tiempo, mientras estamos a resguardo dando cera a los esquís. Esto no vale la pena, cuesta más hacerlo que comprarlo, mientras vamos al contenedor con los trozos de cuerda que nos han sobrado de cualquier tarea.</p>
<p>La vida del campo que descansa en el baúl de los olvidos tiene mucho que enseñarnos.</p>
<p><em>Nota: El artículo está ilustrado con imágenes del proceso de elaboración de las sogas que puedes ver en la <a href="http://http://issuu.com/acoa-ake/docs/herrian_10_web">publicación on line</a>.</em></p>
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		<title>Por la boca muere el pez</title>
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		<pubDate>Wed, 17 Nov 2010 10:52:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>javier vegas</dc:creator>
				<category><![CDATA[cultura]]></category>
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		<category><![CDATA[internacional]]></category>
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		<category><![CDATA[política]]></category>

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		<description><![CDATA[Y seguimos con las ministras. Si antes hablábamos de la de Sanidad hablaremos ahora de la de cultura. El caso es que la buena señora, víctima del síndrome de estocolmo, del más cercano de &#8220;la bien pagá&#8221;, o del más popular del estómago agradecido, ha manifestado su postura en relación con las declaraciones que algunos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Y seguimos con las ministras. Si antes hablábamos de la de Sanidad hablaremos ahora de la de cultura. El caso es que la buena señora, víctima del síndrome de estocolmo, del más cercano de &#8220;la bien pagá&#8221;, o del más popular del estómago agradecido, ha manifestado su postura en relación con las declaraciones que algunos miembros de la farándula otrora tan alabados en situaciones semejantes cuando quien gobernaba era el PP y las opiniones que manifestaban en torno a conflictos internacionales eran absolutamente congruentes con las de ahora y por tanto similares. El caso es que como el gobierno al que pertenece, y nunca mejor dicho, mantiene una peculiar postura en relación con el asunto del sáhara la ministra ha dicho que el que no sea experto que se abstenga de opinar. Vamos, que como ellos saben de interpretar pueden hablar del gobierno, que de actuar sabe lo suyo y de guiones también. Pero de las actuaciones del gobierno marroquí, de su festival de cine y vídeo de ficción, y del pisoteo y recochineo que sufre el pueblo saharaui de eso no. De eso tienen que hablar los que entienden, como ella, las oscuras razones que el gobierno al que pertenece conoce. Claro que por supuesto no las puede decir porque se ha enterado de ellas al abrigo de la promesa que hizo de matener el secreto de las deliberaciones del consejo de ministros. Así que unos porque no sabemos y otros porque no lo pueden decir, los saharuis, como siempre, a los pies de los caballos árabes del rey alahuí.</p>
<p>Yo en las palabras de la Sinde sólo veo un punto de esperanza. La aplicación generalizada del concepto, preferiblemente a golpe de decreto u orden ministerial, puede por fin librarnos de muchas de las tertulias que desgarran nuestros oidos y atentan contra nuestros sentidos y lo que es más importante contra el que todos debiéramos compartir, el sentido común. Las acciones de la Cope, intereconomía y medios de pelo similar han caido como un mal sufflé.</p>
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		<title>Falco en Veleia</title>
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		<pubDate>Wed, 27 Oct 2010 03:06:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>javier vegas</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Cómo quién espera la próxima novela de Umberto Eco espero yo también la publicación de las memorias de Veleia que su ínclito actual responsable (sic) anuncia para enero. Las espero por confirmar o desmentir lo que presiento a la vista de sus flamantes declaraciones y al amparo de los sueños y proyectos desvelados.
En cualquier caso, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cómo quién espera la próxima novela de Umberto Eco espero yo también la publicación de las memorias de Veleia que su ínclito actual responsable (sic) anuncia para enero. Las espero por confirmar o desmentir lo que presiento a la vista de sus flamantes declaraciones y al amparo de los sueños y proyectos desvelados.</p>
<p>En cualquier caso, y por decirlo todo, espero con más anhelo lo de Eco que lo de nuñez, kilométricas distancias literaraias al margen. Porque, no hay por qué ocultarlo, lo que oigo me preocupa. Me preocupa más aún si lo pongo en relación con lo que antes he oido. Me preocupa porque soy de los que piensa que con las cosas de comer no se juega, y creo que la ciencia es alimento. Me preocupa porque aquello de pan para hoy pueda ser no ya hambre para mañana, sino incluso la sospecha de no poder saber nunca lo que nos hemos dejado sin comer.</p>
<p>Se acusó a los antiguos responsables de Veleia de incapacidad científica, de negligencia arqueológica y de fraude continuado. Se les señaló con el dedo con el que se señala al que cruza la frontera entre la adustez científica y el espectáculo masificado, y se aludió incluso a las tentaciones tematizantes de convertir en port aventura todo un prodigio de la arqueología romana. Y el caso es que cuando oigo declaraciones como las de hoy, alusiones a los próximos paseos que haremos por las calles de Veleia y a su puesta en valor dentro del turístico y mediático circuito salinas - catedral (murallas, armentias y armentums añadiré yo ya que la modestia y la prudencia del varón parecen hacérselas olvidar) no puedo menos que exponer personalmente mis reservas.</p>
<p>La primera es de tipo metodológico. La prisa es mala consejera, y frente a la arqueología del XVIII la actual es harto reservada a la hora de excavar. Primero se analiza se estudia se planifica y con todo ello en la mano se actúa de forma metódica y, como decía mi padre, consciente de que excavar es leer un manuscrito único cuyas hojas se van quemando. Desescombrar o escombrar, que viene a ser lo mismo, es &#8220;Desembarazar de escombros un lugar para dejarlo llano, claro y despejado.&#8221; Eso es espectacular, pero poco riguroso. Eso enseña sitios pero pierde historias.</p>
<p>Por otra parte, y dentro de los cambios que se anuncian en un &#8220;dejar irreconocible&#8221; al yacimiento y ponerlo en boca de los tour operadores nada he oído referente al prestigio científico, al futuro de congresos, estudios y seminarios, a las capacidades didácticas y de otra índole. Al modo de Pompeia me imagino yo más bien empedrados poblados de turistas que siguen a un paraguas cerrado, y la innovación la veo más como presencia de inalámbricos para seguir las visitas.</p>
<p>La parte relativa a los hallazgos me suena una vez más a cosas ya sabidas cuyo desescombro no hace sino evidenciarlas y ponerlas en el mercado, pero poco ciertamente novedoso veo en esta vertiente arqueológica del complejo de santo Tomás hurgando en la herida y creyendo tan solo como existente lo que puede verse a simple vista aunque científicamente se tenga la certeza de que están y existen.</p>
<p>Acabaremos, supongo yo, encargando con prebendas y regalos públicos e institucionales una entrega de las aventuras de Marco Didio Falco que suceda en la propia Veleia. En diversas comidas en el portalón, el zaldiaran o el ikea se irá informando a la señora Davis que debe describirla como una ciudad de analfabetos que hablan en latín de Hispania, que nunca han oido hablar de esclavos orientales como maestros, que carecen de baños y que destruyen en caleras los fragmentos de cerámica para evitar tentaciones subversivas a sus habitantes. Será Veleia una especie de anticipo a la ciudad lineal de Arturo Soria, apenas una hilera de construcciones a ambos lados de la XXXIV y hasta le será sugerido que el misterio a investigar tenga algo que ver con cierto intento de robo de la mejor y más magnífica reja ventanera del imperio, sita en un aparentemente humilde vicus no muy lejos de la propia veleia.</p>
<p>Una estatua de la escritora acabará en uno de los templos restaurados del foro descubierto para hacer compañía desde lejos a follets, Marsalys y otros &#8220;embajadores&#8221; del nuevo vitorianismo por el orbe.</p>
<p>En fin&#8230; que mientras sigo elucubrando esperaré con impaciencia hasta enero, eso sí, pueda ser que escriba mientras tanto algo parecido a un spin off de Falco en el que alguno de sus herederos un par de siglos después de la muerte de Vespasiano investigue ciertas tendencias filosófico religiosas curiosas en las scolae de veleia así como la irreductible tendencia de los lugareños en insistir en seguir hablando y hasta escribiendo en lenguas irreconocibles para el imperio.</p>
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