¡Que cuerpazos!
Autor javier vegas | Fecha: Octubre 19, 2009 | Comentarios: No hay comentarios
Parece ser la exclamación por excelencia, la que justifica un siglo y hasta un milenio. Miremos donde miremos vemos cuerpos y más cuerpos. Pongamos donde pongamos los oidos oimos lo que hasta no hace mucho llamaríamos conversaciones subidas de tono. A ello contribuyen los espacios médicos, los de salud, los de cotilleo, la mal llamada prensa del corazón, porque más generalmente habla de cualquier parte del cuerpo menos del corazón.
Las series juveniles y hasta incluso las infantiles hablan de sexo. Las niñas se pintan como barbies hannas o brads, y los niños hacen coros comentando lo buenas que están y lo tontas que son, mientras las niñas, en corros a su vez dicen cosas parecidas de sus contrarios. Y es que en eso no es que hayamos cambiado demasiado. Si acaso, tras el espejismo de los setenta y ochenta, hasta podríamos decir que hemos ido hacia atrás.
Eso sí, ya no nos cruzamos con aquellas chicas de colegio de las que hablaba Mamá (ni maná ni amatxo, Mamá, grupo efímero de los ochenta españoles). La carpeta ya no va en el pecho protegiendo su pudor. Ahora va en la mochila cuya caida apenas tapa “la hucha”, y el pecho, sea grande peqeuño o mediano como los navarros, siempre pa’lante.
Esto de la liberación es lo que tiene. queríamos ser todos iguales pero a nadie se le ocurrió plantear que eso podía hacerse cogiendo todos los vicios o todas las virtudes, y claro, lo primero resulta aparentemente más divertido y generalmente más sencillo. Tiene uno además la impresión que frente al atributo que tradicionalmente nos convertía en humanos y nos diferenciaba del resto de especies, la razón, lo que prima ahora es la sexualidad racional universal y omnipresente. Esto es. Lo que nos hace hombres y mujeres es la capacidad para pensar, y si es posible algo más, en sexo las 24 horas de los 365 dias de todos los años de nuestra vida. Al final los chistes se convierten en máxima y acabaremos por no ver donde esta la gracia a chistes como el del aspirante a un puesto de trabajo que, tras afirmar y demostrar que era capaz de hablar correctamente en multitud de idiomas, provoca en su entrevistador la pregunta: Es asombroso ¿pero al final en que piensa? En sexo por supuesto y como todo el mundo.
Bromas aparte me parece a mi un motivo de reflexión sobre hasta que punto avanzar es ir hacia adelante. Una reflexión que en absoluto es producto de una mente timorata, ni objeto de moralinas o anacrónicas represiones. Es tan sólo el deseo de reivindicar que a veces, ser hombre o mujer, ser humano, es algo más, sin que eso signifique renunciar a nada, y que reconocerlo y reivindicarlo no sólo no tendría que ser posible, sino incluso digno de elogio, porque aunque parezca mentira, hay vida delante, detrás y a los lados del sexo.
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