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San Pelayo. Apuntes históricos

Autor javier vegas | Fecha: Junio 28, 2008 | Comentarios: No hay comentarios

Publicado en Herrian, revista de la Asociación de Concejos de Álava en su primer número de junio de 2008.

Vista general de San PelayoSan Pelayo es hoy un despoblado o mortuorio, término con el que se conoce a aquellos lugares “muertos” que en su día fueron pueblos habitados. Pertenece al ayuntamiento de Ribera Alta, y se encuentra junto a la autopista cerca del área de servicio de Igay, en el camino que conduce a San Miguel.

El nombre de San Pelayo, hace referencia a un niño capturado en 920 por Abderramán III. Durante su cautiverio se dedicó a hacer proselitismo cristiano. Según unos, por esto mismo, según otros porque le dio “calabazas” al propio Abderramán el 26 de junio del año 925 fue despedazado con tenazas de hierro cuando tenía unos 14 años. Su devoción se extendió rápidamente por los reinos cristianos, y sólo en Álava hay casi una docena de iglesias o ermitas bajo su advocación.

Del pueblo apenas quedan algunos rastros, pero llaman la atención las ruinas de un pequeño templo románico de planta rectangular del que queda en pie parte de su cabecera y algo de su bóveda.

San Pelayo en 1970 (cortesía de jose ignacio vegas)   San Pelayo

San Pelayo aparece en diversos documentos de finales del siglo XV, vinculado con San Miguel, y como uno de los núcleos de la hermandad de la Ribera.

En 1802 vivían siete vecinos. Apenas 50 años más tarde, Pascual Madoz, indica que contaba con 6 casas en las que vivían 4 vecinos y un total de 25 almas. De “clima templado, reinan los vientos S. y SO y se padecen constipados y tercianas”. En 1866 su párroco solicita permiso para mudarse a San Miguel ante el mal estado de la casa rectoral. Como el mismo indica en ese año “Tres vecinos habitaban en san Pelayo y uno sólo tenía para comer”.

A primeros del siglo XX los tres núcleos de Carasta, San Pelayo y San Miguel van despoblándose por este orden.  En 1918 aún contaba San Pelayo con 3 vecinos que sumaban 20 almas. San Miguel tenía entonces 6 vecinos que sumaban 32 almas. Entre ambos pueblos no había más allá de 8 niños, pastores en su mayoría.

En los años 40 San Pelayo ya estaba prácticamente abandonado, y de hecho las obras de la zona se limitaban a la iglesia de San Miguel, costeadas por cierto con lo que se obtuvo de la venta de las campanas de Carasta, y ya en 1958 Lopez de Guereñu lo describe como “recientemente despoblado”.

capitales procedentes de San Pelayo que se encuentran en Turiso   estado de las ruinas en 1970 (cortesía de jose ignacio vegas) 

A partir de ese momento comienza el deterioro. Las piedras de su espadaña y parte de sus muros fueron en parte utilizadas para la carretera a primeros de los 60, y algunas de las piezas más valiosas acabaron no muy lejos (los capitales que pueden verse en la plaza de Turiso son, precisamente de San Pelayo).

La portada aún aguantaría hasta mediados de los 70, y a finales de los 90 las pinturas que aún decoraban el interior de la cabecera fueron desmontadas y depositadas en el servicio de restauración de la diputación foral.

A fecha de hoy, la situación es parecida a la de hace diez años, si bien es cierto que la maleza crece sin descanso y hasta en el interior de lo que fue iglesia son más altos los arbustos que el propio templo.

Si quieres más información o tienes datos que aportar, estaré encantado de antender tus comentarios y sugerencias.

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