¿Existe el arte vasco?
Autor javier vegas | Fecha: Septiembre 21, 2007 | Comentarios: No hay comentarios
La fundación Alkartasuna organizó ayer un interesante encuentro bajo este título. Los ponentes, Nestor Basterretxea, y Edorta Kortadi. Los contenidos una interesante fusión de vivencias, erudición, reflexiones y sobre todo, preguntas.
A mi personalmente no es que me guste mucho Basterretxea. Me ha parecido simpre un escultor de segunda fila que ha vivido marcado por dos genios, Txillida y Oteiza, y su obra es reflejo de ese marcaje, con rasgos del primero el el tratamiento del volumen y del segundo en el de la forma. Pero dejó ayer una reflexión que me parece interesante al hilo del tema del encuentro. Hablaba del pulso que existe y debe existir en el artista entre la “contaminación” que produce el consumo de cultura, el entorno, es decir, la lectura, las imágenes, los sonidos que otros producen o han producido, y lo que podríamos llamar la intimidad creativa, esa porción de necesario aislamiento que el artista precisa para dar a luz su obra.
Y como hablamos de transformar, extenderé yo esa reflexión no al artista, sino al colectivo, en este caso el vasco. Como ponencia me pareció sin duda más interesante la de Edorta Kortadi. Planteada más como una colección de preguntas que como un repertorio de respuestas, pero indicando eso sí, ciertas sugerencias de interés en cuanto a la posibilidad de que existan en efecto ciertas marcas de identidad. La gama de colores, el tratamiento de los volúmenes y materiales, el peso de la tradición oral y el sincretismo fruto de nuestra posición en Europa. Esto último quizás como lo más importante.
Recuerdo que en su día hablaba en general de la cultura, y de su relación con los conceptos de izquierdas y abertzale. Esas reflexiones que hacía encajan con la extensión que hacía de lo dicho por Nestor, y con la batería de preguntas y sugerencias de Kortadi.
De igual forma que en su día decía que prefiero hablar de abertzales cultos que de cultura abertzale, en este tipo de debates prefiero hablar de vascos artistas que de arte vasco. Y eso supone, como bien decía Nestor Basterretxea, conseguir el equilibrio entre el necesario conocimiento de las tendencias, actuaciones, lenguajes y propuestas del mundo que nos rodea y el tan importante ensimismamiento que se traduce en el dominio y conocimiento de las claves propias, de los elementos estructurales, de los rasgos lingüisticos que vienen de nuestro entorno cercano y de nosotros mismo. La luz ténue de nuestros cielos, los verdes de nuestros montes, los grises de nuestras rocas, los ecos de nuestro amor por las cosas de la tierra, el respeto por sus materiales y sobre todo algo que siempre ha caracterizado a los vascos. La pasión por conquistar el horizonte y abrirse al mundo.
No se trata por tanto de defender lo nuestro a costa de lo extraño, sino de practicarlo tanto sin complejos como sin prepotencias. Todos diferentes pero todos iguales, los hombres y los pueblos.
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