No tiene nombre, ¿o sí?
Autor javier vegas | Fecha: Diciembre 2, 2006 | Comentarios: No hay comentarios
Publicado en diario de noticias de álava el 14/12/2006
Resulta difícil ser alavés y evitar hablar del Alavés. Del glorioso, del deportivo, del vendido y no comprado.
Parece ser que hay unanimidad en lo inconveniente de la figura de Piterman, pero a partir de ese punto comienzan las desavenencias. Para algunos, entre los que me incluyo, el alavés es, como dirían los culés, algo más que un club, y desde luego mucho más que una S.A. Es parte de nuestros recuerdos infantiles, de la memoria de nuestros abuelos, y del cariño que hemos trasmitido a nuestros hijos. Es además un club pequeño, una de esas pasiones que resultan pedagógicas, porque enseña a perder, a asumir la derrota deportiva con deportividad, a comprender que en este mundo no siempre se gana, y que es posible disfrutar en la derrota, y mantener el apego a unos colores que no llevan en sello de la victoria.
Hay quien ha intentado despojarnos del apelativo de glorioso y trasferírselo al Athletico de Madrid. Pero el término que realmente compartimos es más bien el de “pupas”.
Pero volviendo a Piterman, hay quien acusa de la situación actual a Antón, hay quien dice que lo echen, pero llegada la hora de poner dinero, las manos siguen en los bolsillos. Y enlazando esta cuestión con la de ayer, la del ferrocarril, y con la cuestión de la estrechez de miras y de la pacatería de los poderes fácticos y no fácticos de la provincia, aquí el problema es parecido.
En una ciudad que vive el mayor boom urbanístico de los últimos decenios, con potentes industrias de caracter multinacional, con fortunas labradas de uno u otro modo, ¿cómo es posible que no hubiese quien comprase nuestro club, sólo o en compañía? ¿Cómo puede entenderse que sólo este individuo fuese capaz de poner la cifra encima de la mesa?
Nos quejamos, si, pero nos quejamos de nosotros mismos, de nuestra falta de valor, y algunos también de dinero, de nuestra escasa voluntad, y revivimos el ancestral gusto por quejarnos después de no haber hecho nada. Eso no es pasividad. Eso es desarrollar toda nuestra capacidad de actividad en no hacer nada para luego poder protestar.
Nota… Yo no soy socio del alavés, pero lo sigo desde niño, y cuando el alavés se convirtió en Sociead anónima, aún no pasando uno de mis mejores momentos económicos, compré una mísera acción que puse a nombre de mi hijo. Eso me supuso un desembolso de unas 900 pesetas al mes durante un año (5 euros poco más o menos), gracias a un crédito que puso la caja vital a disposición de los compradores. Muchos no hicieron ni eso. Y así nos van las cosas…
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